Había una vez un sapo y una mosca.
El sapo se quería comer a la mosca, pero esta estaba parada en una hoja que estaba sobre una rama muy delgada y que quedaba hacia un precipicio.
El sapo estaba esperando y esperando a que la mosca se moviera, pero esta, al parecer, estaba dormida.
En eso llegó una rana y le preguntó al sapo qué estaba haciendo.
—Me quiero comer a esa mosca. Pero si salto sobre la rama, está tan delgada que, si se rompe, me caeré en el precipicio y quizá me muera.
—¿Qué es más valioso para ti —le preguntó la rana—: comerte la mosca o tu vida?
—Lo más valioso es mi vida. Pero si no como, me moriré —le contestó el sapo.
—Tu problema es elegir entre comer o posiblemente morir.
—Sí —le dijo el sapo.
—Yo creo que tienes otras alternativas. Puedes buscar comida en otro lado. No tienes que comerte necesariamente a esa mosca. A lo mejor nunca se mueve, o a lo mejor, si esperas mucho tiempo, te vas a quedar dormido y en ese momento se moverá y se te escapará.
Si tu vida es valiosa, no debes elegir entre comer o morir, ya que puedes buscar otra comida.
—No lo había pensado así —le contestó el sapo—. Creo que no había evaluado bien mis valores. Mejor voy a otro lado a buscar comida.
Y se fue.
Moraleja para niños:
A veces creemos que solo hay dos opciones, pero casi siempre hay más. Es importante pensar bien antes de actuar y elegir lo que realmente nos cuide y nos haga bien.