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La Mariposa y el Gusano

Había una vez una mariposa roja, muy bonita, a la que le gustaba presumir sus alas. Volaba por aquí y volaba por allá.

Un día se encontró a un gusano muy, pero muy feo. La mariposa presumida pasó dos veces volando frente al gusano para llamar su atención.

El gusano le dijo:
—Qué bonita eres, mariposa roja.

La mariposa se hinchó de orgullo. Era muy vanidosa y se sentía merecedora de los mejores halagos. Of course, ni siquiera le dio las gracias al gusano.

—Algún día seré como tú —le dijo el gusano.

—¡Qué! ¿Tú, como yo? ¡No puede ser! Tú eres un gusano feo. En cambio, yo soy una mariposa muy bonita. ¡Jamás podremos ser iguales!

—¿Ya te olvidaste de dónde vienes? ¿No sabes que todas las mariposas vienen de un gusano, al que le sale un capullo, y que cuando se rompe, de ahí salen las alas para convertirse en una mariposa?

—Eso no es verdad. No puede ser cierto. Yo no pude ser nunca un gusano feo como tú.

—Pregúntale a quien quieras. Consulta una enciclopedia. Lee, estudia, observa y te darás cuenta de que hablo con la verdad.

La mariposa estaba toda confundida. Ella pensaba que siempre había sido bella, hermosa. No concebía que podía haber sido de otra manera. Fue a preguntarle a otras mariposas y a otros gusanos, y también fue a consultar en libros, y sí… efectivamente, las mariposas sufren una transformación, una metamorfosis que las convierte de gusanos a capullos y luego a mariposas.

—Ese gusano me ha dado una lección —se dijo para sí—. Y regresó a darle las gracias.

Había aprendido algo nuevo y también a ser menos orgullosa y soberbia, y a descubrir que había otras formas de belleza ocultas. Ese gusano, en el fondo, llevaba la belleza interna de una mariposa, aunque por fuera fuese un horrible gusano.

Aprender a ver la belleza escondida, la belleza potencial, había sido un gran descubrimiento. A partir de ahora, la mariposa sabía que no solo tenía que ver con los ojos, sino también aprender a ver con la mente y con el corazón.

Aprendió también que no podía despreciar a los demás por su forma exterior, porque no sabía lo que escondían en su interior. Ese gusano feo por fuera llevaba una hermosa mariposa por dentro que algún día volaría igual que ella.

Desde ese día se hizo amiga del gusano y fueron muy felices para siempre.


Moraleja:
No debemos juzgar a los demás por cómo se ven por fuera, porque todos tienen algo valioso por dentro. Además, todos podemos cambiar y crecer, así que hay que tratar a los demás con respeto y amabilidad.

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