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“El Rey de Ramnagar. Un viaje a India” de José Tono Martínez


Por Yuri Serbolov

Terminé de leer el libro de José Tono. Es una joya y una belleza de libro. Me encantó. Me lo leí prácticamente de dos sentadas.
No sólo retrata Kashi, la ciudad que brilla, sino penetra en la cultura de la India e incluso se da el tiempo de anotar sus diferencias con Occidente.
Un gran regalo, ya que yo apenas tuve tiempo de poner un pie en Varanasi y conocer el Parque de los Ciervos donde el Buda dio su primera enseñanza y donde construyeron una gran stupa que apenas puede circunvalar.
De Varanasi o Benares y del Río Ganges sólo pude verlos a través de las ventanillas de la camioneta que nos transportaba. Así que fue un placer leer las bellas y detalladas descripciones de José Tono. Y pasear mentalmente por esos callejones cual laberintos donde él se extravió.
Sus conversaciones con el Rey de Ramnagar y con Oscar Pujol nos dan una visión amplia, panorámica, no sólo de lo que es la India y su relación o no con Occidente, sino que atisban hacia lo que está más allá, más profundo, en la trascendencia.
Bello libro que volveré a leer luego más pausadamente y a tomar algunas anotaciones sobre las que reflexionaré espero más profundamente, por ejemplo:
– los cuatro propósitos de la vida hindú: dharma, artha, kamma* y moksha.
– las 9 escuelas filosóficas de la India Antigua.
– el aspecto de la trascendencia
entre otros.
Muy profundas reflexiones aporta José Tono y sus entrevistados, algunas de las cuales seguramente rescataré para citarlas en algunas clases o presentaciones.
Las fotografías también son una belleza.


Le preguntamos a la Inteligencia Artificial (IA) de ChatGPT: ¿Conoces este libro… nos puedes hacer una reseña para publicar, toma de estos comentarios lo que consideres valioso?

Y esta fue su respuesta:

El rey de Ramnagar: la India como espejo, laberinto y umbral

José Tono Martínez construye una crónica de viaje que no se limita a describir Benarés: intenta penetrar en su cultura, escuchar sus tradiciones filosóficas y preguntarse qué puede encontrar allí un occidental que busca algo más que paisajes.

Por la IA de ChatGPT

Hay libros que uno busca y hay otros que llegan como un regalo inesperado. El rey de Ramnagar. Un viaje a India, de José Tono Martínez, pertenece para mí a esta segunda categoría. Me lo enviaron desde lejos y lo leí prácticamente de dos sentadas, con esa rara sensación de haber encontrado una pequeña joya: un libro hermoso, profundo y, al mismo tiempo, entrañablemente humano.

Publicado por Ediciones Polibea en 2017, con prólogo del filósofo y escritor Ignacio Gómez de Liaño y fotografías de Juan Ramón Yuste, el libro es fruto de un viaje que José Tono Martínez realizó a Benarés en 1996, acompañado precisamente por Yuste. Su autor lo concibe como una obra situada entre la literatura, la imaginación y la crónica; no como una guía turística ni como un tratado académico sobre la India.

Ésa es una de sus mayores virtudes: José Tono no pretende explicar definitivamente la India. La recorre, la observa, se extravía en ella, conversa con sus habitantes y registra las perplejidades que esa civilización despierta en un viajero occidental.

Kashi, la ciudad que brilla

El verdadero personaje del libro no es solamente el llamado rey de Ramnagar. Es también Kashi, Benarés o Varanasi: la ciudad sagrada levantada junto al Ganges, espacio de peregrinación, muerte, cremación, conocimiento y liberación.

José Tono la presenta como un portal; como un lugar que parece suspender las coordenadas habituales del tiempo y que, según una de las expresiones asociadas al libro, “orilla el calendario”. Sus callejones, templos, palacios, embarcaciones, animales, ceremonias y multitudes no forman únicamente un escenario pintoresco. Constituyen una red de símbolos dentro de la cual el viajero comienza a perder sus referencias habituales.

El autor consigue que el lector camine mentalmente por esos callejones laberínticos donde él mismo se pierde. Benarés aparece como una ciudad que no puede contemplarse desde fuera: para comenzar a comprenderla hay que dejarse absorber, confundir y transformar por ella.

Esta lectura tuvo para mí una resonancia especial. En mi propio viaje apenas tuve tiempo de poner un pie en Varanasi. Visité Sarnath, el Parque de los Ciervos donde el Buda ofreció su primera enseñanza, y circunvalé la gran estupa que recuerda aquel acontecimiento. Pero de Benarés y del Ganges sólo pude percibir imágenes fugaces desde las ventanillas del vehículo que nos transportaba.

Por eso fue un placer recorrerlos nuevamente a través de las descripciones de José Tono. El libro me permitió regresar a un lugar en el que, físicamente, apenas había estado.

Viajar no es solamente desplazarse

El rey de Ramnagar pertenece a una tradición de literatura de viajes en la que el desplazamiento geográfico es también una búsqueda interior. Se le ha descrito como un texto “sebaldiano”, por su combinación de memoria, crónica, imaginación, fotografía y reflexión.

El viaje funciona aquí como un método de conocimiento. No se trata solamente de mirar lo diferente, sino de permitir que lo diferente interrogue al observador.

Cuando José Tono compara ciertos aspectos de la India con Occidente, el libro toca una cuestión fundamental: ¿hasta qué punto nuestras categorías modernas —progreso, individuo, racionalidad, religión, historia— son universales? ¿Y hasta qué punto son construcciones particulares que los occidentales hemos convertido en medida del mundo?

La India obliga al viajero a reconocer que existen otras formas de organizar la vida, el tiempo, el conocimiento y la relación con la muerte.

Sin embargo, el libro no se reduce a contraponer una India espiritual frente a un Occidente materialista. Su mirada es más inquieta. José Tono registra contradicciones, distancias, malentendidos y zonas de incomprensión. La India que emerge de estas páginas no es una respuesta prefabricada, sino una pregunta abierta.

Las conversaciones que amplían el viaje

Entre los momentos más valiosos se encuentran las conversaciones con el maharajá de Benarés —el rey de Ramnagar al que alude el título— y con el sanscritista Óscar Pujol.

El libro recoge encuentros con guías, estudiosos y figuras espirituales de la ciudad, y culmina con una conversación con Pujol, reconocido especialista en sánscrito. Casa Asia presentó la obra precisamente como una crónica literaria que combina las impresiones del viajero con sus encuentros con eruditos locales.

Estas conversaciones permiten que el libro pase de la descripción sensible a la reflexión filosófica. Ya no estamos únicamente ante el Ganges, los palacios o los callejones de Benarés, sino frente a preguntas sobre la finalidad de la existencia, la trascendencia, la liberación y la relación entre pensamiento y experiencia.

Entre los temas que la lectura invita a recuperar y estudiar se encuentran los cuatro propósitos clásicos de la vida en el pensamiento hindú:

Dharma, el orden, el deber y la conducta adecuada;
artha, la prosperidad y los medios materiales necesarios para vivir;
kāma, el deseo, el amor, el disfrute y la experiencia sensible;
mokṣa, la liberación espiritual.

No se trata necesariamente de rechazar los primeros tres propósitos para alcanzar el último, sino de comprender su lugar y mantenerlos dentro de un orden vital más amplio. La tradición clásica los presenta como cuatro fines legítimos de la existencia humana, aunque mokṣa representa la aspiración de liberarse de la ignorancia y del condicionamiento.

El libro también abre la puerta hacia las escuelas filosóficas de la India antigua, sus diferencias y sus debates acerca de la realidad, el conocimiento, la conciencia, el sufrimiento y la liberación. En este sentido, su principal mérito no consiste en ofrecer una exposición sistemática, sino en despertar el deseo de seguir investigando.

La trascendencia sin intermediarios

Ignacio Gómez de Liaño observa en el prólogo que José Tono busca en Benarés un espacio capaz de propiciar una forma de iluminación directa, interior y no necesariamente sometida a instituciones religiosas.

Ésta podría ser una de las claves profundas del libro.

La trascendencia no aparece como evasión del mundo, sino como una modificación de la conciencia con la que miramos el mundo. Benarés contiene enfermedad, belleza, suciedad, pobreza, solemnidad, animales, dioses, cremaciones y vida cotidiana. Lo trascendente no está separado de esa realidad: parece surgir precisamente en medio de ella.

Desde esta perspectiva, la India no es presentada como un museo de antiguas doctrinas, sino como una cultura en la que determinadas preguntas siguen vivas: ¿qué significa vivir correctamente?, ¿qué lugar debe ocupar el deseo?, ¿qué es aquello que muere?, ¿qué puede liberarse?, ¿qué permanece cuando las identidades y posesiones desaparecen?

Una India vista por un viajero

Toda literatura de viajes debe leerse también críticamente. Ningún viajero retrata un país entero: retrata el encuentro entre ese país y su propia conciencia.

José Tono ofrece una India filtrada por su sensibilidad literaria, filosófica y poética. Esto produce páginas de gran belleza, pero también exige recordar que “la India” no constituye una realidad homogénea. Es un universo formado por innumerables lenguas, pueblos, religiones, filosofías, conflictos y modernidades.

Existe siempre el peligro de idealizar Oriente o utilizarlo como espejo de las frustraciones occidentales. También puede resultar excesivamente esquemático contraponer “India” y “Occidente” como si fueran dos entidades compactas y claramente delimitadas.

No obstante, el libro evita en buena medida ese peligro porque no se presenta como una explicación definitiva. Está escrito desde la sorpresa, la duda y la perplejidad. Su autor no posa como maestro que ha descifrado la India, sino como viajero afectado por algo que todavía no termina de comprender.

Ésa es precisamente la actitud que permite que el viaje conserve su autenticidad.

Las fotografías como memoria

Las fotografías de Juan Ramón Yuste no cumplen una función meramente decorativa. Acompañan el carácter fragmentario y evocador de la narración. Son huellas de una experiencia pasada, instantes rescatados de aquel viaje de 1996 y conservados dentro del libro como ventanas hacia una ciudad que parece encontrarse, simultáneamente, dentro y fuera del tiempo.

Texto e imagen se complementan: las palabras interpretan lo vivido y las fotografías recuerdan que siempre queda algo que las palabras no pueden capturar.

Un libro para leer dos veces

El rey de Ramnagar puede leerse rápidamente porque posee la fluidez de una crónica; pero también merece una segunda lectura, más pausada, acompañada de anotaciones.

Es uno de esos libros que dejan semillas: conceptos, preguntas, conversaciones y pasajes que el lector desea recuperar después para una clase, una presentación o una reflexión personal. No entrega conclusiones cerradas. Entrega materiales para continuar pensando.

José Tono Martínez ha escrito algo más que un relato sobre Benarés. Ha construido un puente provisional entre dos universos culturales y ha mostrado que viajar de verdad significa aceptar que nuestras certezas pueden extraviarse en un callejón.

Al cerrar el libro queda la sensación de haber recorrido Kashi, de haber contemplado el Ganges y de haber escuchado voces que hablan desde una civilización antiquísima. Pero queda, sobre todo, una pregunta dirigida al propio lector:

¿Viajamos para conocer otros mundos o para descubrir que el mundo desde el cual partimos era mucho más pequeño de lo que imaginábamos?


Ficha bibliográfica

Título: El rey de Ramnagar. Un viaje a India
Autor: José Tono Martínez
Prólogo: Ignacio Gómez de Liaño
Fotografías: Juan Ramón Yuste
Editorial: Polibea
Año: 2017
ISBN: 978-84-946191-9-9


  • Corregí discretamente “kamma” por “kāma”: en los cuatro propósitos hindúes se trata de kāma, deseo, placer o disfrute; kamma es la forma pali de karma.

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