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SHEINBAUM RECIBE UNA BOMBA DE TIEMPO

La esperanza, como el presupuesto, no dura para siempre.

Años 2023 y 2024: periodo de mayores presiones presupuestarias y desequilibrio fiscal. Pese al optimismo de las autoridades de la Secretaría de Hacienda, que repiten sin cansancio que todo está bajo control porque el manejo de las Finanzas Públicas es responsable, la realidad es distinta: el próximo gobierno de Claudia Sheinbaum recibe una bomba de tiempo que activó su predecesor. Y ella lo sabe.

Tan lo sabe, que Rogelio Ramírez de O. se queda a levantar todo el cochinero que dejó la pachanga presupuestaria de su jefe. La lógica es: tú hiciste la fiesta, tú pagas las facturas y limpias todo. Una vez que el secretario de Hacienda haga este primer trabajo, se irá y habrá un relevo.

Y es que los excesos en el gasto del gobierno superaron los parámetros del llamado ciclo político (que indica que el desequilibrio fiscal por un mayor gasto ocurrirá en periodo electoral); sí, pero el gobierno de la 4T se sirvió con la cuchara grande y no sólo aumentó desmesuradamente su gasto para apoyar a Sheinbaum sino que siguió gastando de forma irracional y se endeudó atropellando la normatividad presupuestaria al ejercer mayor gasto corriente y menor gasto de inversión. Esa fórmula, la de mayor déficit financiado con deuda pública y destinado a mayor gasto corriente y menor gasto de inversión, equivale a una mentada de madre para cualquier economía.

Ahora hay que enfrentar la cruda y evitar más borracheras, pero así como van las cosas en el cuartel de don Rogelio más bien parece que no se saldrán del vicio. Dudo mucho que el mismo operador de la imprudencia presupuestaria resuelva el ajuste fiscal por una razón medular: si cedió a los desatinos del Ejecutivo ayer ¿por qué no lo seguiría haciendo, hoy, si la nueva jefaza se lo manda y demanda bajo la lógica de que siga la transformación?

Está visto, evidenciado y confirmado, que Sheinbaum tiene lealtad a un proyecto transexenal de corte populista y democráticamente regresivo. Lo ha manifestado y machacado para que no haya duda. No obstante, hay serios analistas económicos, pocos (saludos desde aquí al gran Gabriel Casillas y a los amigos de Barclays), que le están dando el beneficio de la duda a la elegida. Pero la mayoría, más bien, dudan del beneficio.

La duda central es que dados los compromisos de campaña que hizo Sheinbaum más el paquete de pendientes adicionales como lo son Pemex, las pensiones y el servicio de la deuda (aunque Yorio respingue), todo junto e hirviendo en el mismo caldero de las Finanzas Públicas, constituyen una presión creciente y por lo tanto insostenible sin una Reforma Fiscal Integral, así, con mayúsculas.

El cálculo del Sistema de Administración Tributaria, SAT, que lo compró Sheinbaum como si de una ganga se tratara, es que no es necesaria ninguna reforma fiscal o hacendaria porque todavía queda margen de financiamiento a través de la recaudación. Sólo hay que rascarle bien en los resquicios y echar a andar una innovadora estrategia digital. Confían en una consolidación fiscal posible si al segundo motor recaudatorio le suman los recortes previstos al gasto. Otra vez no importan los sacrificios aunque estos sean sacrificios humanos. Hay de dónde y con qué, dice el órgano de Hacienda, pero, otra vez, se equivoca.

Por el lado de la recaudación han exprimido sin piedad a la parte de la sociedad que suda la gota gorda y paga sus impuestos. Cualquier esfuerzo adicional del SAT tendrá sólo resultados marginales porque ya hemos llegado a un piso. Esto mismo fue lo que alertó el doctor Gerardo Esquivel, ex subgobernador del Banco de México y otrora consejero de Claudia cuando ella le prestaba oídos.

Desde la UNAM, Gerardo Esquivel explicó en mayo, con palitos y bolitas, que el margen fiscal se ha agotado y que cualquier incremento recaudatorio adicional queda anulado por el nivel decreciente en los ingresos. Es decir, y en palabras de Esquivel, no hay que confundir los ingresos tributarios con los ingresos presupuestarios del sector público. Estos últimos han sido extraordinariamente estables como porcentaje del PIB en los recientes años. Entiéndase estables como planos.

Los avances en recaudación que celebra la 4T han sido apenas parches que han ido cubriendo las pérdidas en ingresos de otras fuentes, como los ingresos petroleros. Sheinbaum sabe, o debería saber, que lo que le está advirtiendo Esquivel es que no hay de otra más que una reforma fiscal si no se quiere seguir mermando los servicios públicos que recibe la población.

El cálculo de Sheinbaum es que sí le va a alcanzar para relanzar su propio gobierno. No es así. Tan no es así, que la meta de reducción a 3% del déficit fiscal disparado por López Obrador no se logrará a menos que se sigan sacrificando los servicios de salud, seguridad e infraestructura urbana, con la consecuente precarización de la población más vulnerable: como lo vemos en estos días en Chalco cuando la gente literalmente llora porque se anega entre heces fecales.

Por otra parte, estar dependiendo de las líneas de crédito de organismos financieros internacionales ―por si todo se sale de control― equivale a tener contentos a los extranjeros con nuestros aguacates y enojados a los nacionales porque sus precios están por las nubes. Es decir, ya basta de fincar la seguridad de la solvencia de México en el crédito abierto del exterior y no en los cambios estructurales al interior que duelen pero sí remedian.

Hace falta hacer más que una innovadora política recaudatoria. Es necesario regresar a la racionalidad del gasto, dejar de ver a los mexicanos como clientelas políticas y tratarlos como capital humano que hay que desarrollar con educación de calidad, capacitación, salud y seguridad para que preserven lo más valioso que es su vida. El gasto con visión populista es perjudicial para México aunque en apariencia sea justo.

No hay nada más injusto que, por ejemplo, seguir sacrificando los servicios de salud para las personas con la justificación de que el dinero a hospitales mermó porque hay que financiar las ayudas sociales. No hay apoyo social directo que alcance para resarcir estudios de gabinete, laboratorios, tratamientos dignos y sobre todo oportunos. Las contradicciones del populismo son innegables.

Las crisis económico-financieras no siempre detonan por una burbuja bursátil o por un desequilibrio en la cuenta corriente; pueden detonar por la insostenibilidad de las Finanzas Públicas de un gobierno que crea desconfianza y llega a un punto de quiebre por su incapacidad de enfrentar sus compromisos.

En el preámbulo de una crisis económica detonada por los errores del gobierno siempre viene la sobreconfianza y los discursos del “todo está bajo control”. Al gobierno le interesa medir sus palabras para no generar pánico pero se olvida que la mejor medida de evitar la crisis es hacer los ajustes a tiempo con el costo político y social que ello implique. No es inteligente cuidar la confianza del momento para después perderla por años y ser permanentemente humillado por la Historia, como es el triste caso de José López Portillo.

Las voces de alerta no son nuevas. Aquí, desde esta humilde columna, no estoy descubriendo el hilo negro. Basta echar un ojo a los estudios, conferencias, entrevistas y múltiples llamados de los integrantes de la Alianza para la Justicia Fiscal para que se discuta abiertamente una reforma fiscal integral progresiva. Bien haría Sheinbaum en allegarse de otras voces y no solo fincar toda su confianza en un equipo que ya demostró que lo suyo es la propaganda para minimizar los problemas fiscales.

Este es mi primer artículo en este espacio y espero haya más que sirvan a la reflexión. Por ello, quiero terminar con una precisión categórica: desde esta trinchera de la libertad de expresión no es mi deseo que a la nueva presidenta le explote la bomba de tiempo que le entrega su mentor Andrés Manuel. Tampoco pretendo acribillar el trabajo de la Secretaría de Hacienda. Más bien, y lo principal, deseo que para bien de México se revuelva la conciencia de quienes tienen la enorme responsabilidad de gobernar y tomar las grandes decisiones y, de paso, la conciencia de sus seguidores. La crítica es un valioso recurso para mejorar.

La bomba de tiempo necesita desactivarse y lo peor que puede hacer el nuevo gobierno es manipular el cronómetro para posponer la solución y que tarde un poco más de tiempo en explotar.

Orlando Carrillo

carrillososa@yahoo.com

1 comentario en «SHEINBAUM RECIBE UNA BOMBA DE TIEMPO»

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