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Los Cuadernos de la Cárcel de Antonio Gramsci

El cerebro que el fascismo no logró silenciar

Reseña crítica de la obra de Antonio Gramsci y de la edición mexicana de Editorial Era

Antonio Gramsci no escribió Los Cuadernos de la cárcel como quien redacta un tratado destinado a la imprenta. Los fue construyendo en condiciones de vigilancia, aislamiento y enfermedad, como un inmenso laboratorio intelectual en el que intentó comprender una derrota histórica: ¿por qué el fascismo había conseguido imponerse y por qué la revolución socialista no había triunfado en las sociedades occidentales?

El resultado fue una de las obras más influyentes —pero también más complejas y frecuentemente simplificadas— del pensamiento político del siglo XX.

El hombre al que pretendieron impedirle pensar

Gramsci fue detenido el 8 de noviembre de 1926 por el régimen fascista, pese a su inmunidad como diputado. El 4 de junio de 1928 fue condenado por el Tribunal Especial para la Defensa del Estado a más de veinte años de prisión.

La célebre frase:

«Durante veinte años debemos impedir que este cerebro funcione»

no fue pronunciada por Mussolini, como a veces se afirma, sino atribuida al fiscal fascista Michele Isgrò, durante el proceso contra Gramsci y otros dirigentes comunistas. 

El propósito del fascismo fracasó de una manera casi paradójica. Después de recibir autorización para escribir, Gramsci comenzó el primer cuaderno el 8 de febrero de 1929, en la prisión de Turi. Continuó trabajando hasta aproximadamente la primera mitad de 1935, cuando su salud ya estaba gravemente deteriorada. 

La cárcel destruyó progresivamente su cuerpo, pero no consiguió inmovilizar su inteligencia.

¿Cuántos cuadernos son: 33 o 29?

Las dos cifras son correctas, pero se refieren a cosas distintas.

Gramsci dejó 33 cuadernos manuscritos. En ellos hay notas políticas, filosóficas, históricas y literarias, además de ejercicios y traducciones del alemán, ruso e inglés. La Fondazione Gramsci conserva y reconoce ese conjunto documental de 33 cuadernos. 

Sin embargo, la edición crítica preparada por Valentino Gerratana, publicada en italiano por Einaudi en 1975, organizó y numeró del 1 al 29 los cuadernos que contenían principalmente las notas teóricas. Los cuatro cuadernos dedicados específicamente a traducciones no quedaron incorporados como cuadernos numerados dentro de esa edición. 

Por eso:

  • El archivo material contiene 33 cuadernos.
  • La edición crítica de Gerratana contiene 29 cuadernos numerados.
  • La edición de Era reproduce esos 29 cuadernos distribuidos en seis tomos.

No se trata, por tanto, de que se hayan «perdido» cuatro cuadernos en la traducción de Era, sino de que esta sigue el criterio editorial establecido por Gerratana en 1975.

La edición en español de Editorial Era

La edición mexicana lleva el título:

Antonio Gramsci, Cuadernos de la cárcel. Edición crítica del Instituto Gramsci, a cargo de Valentino Gerratana.

Fue publicada por Ediciones Era en seis tomos. La traducción fue realizada por Ana María Palos y revisada por José Luis González. El primer tomo apareció en español en 1981; la publicación del conjunto se prolongó hasta 1999, con la participación de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla en los últimos volúmenes. 

La distribución es la siguiente:

Tomo 1: cuadernos 1 y 2.
Tomo 2: cuadernos 3, 4 y 5.
Tomo 3: cuadernos 6, 7 y 8.
Tomo 4: cuadernos 9, 10, 11 y 12.
Tomo 5: cuadernos 13 al 19.
Tomo 6: cuadernos 20 al 29. 

Esta edición no reorganiza artificialmente los textos por grandes temas, como sucedió con la primera publicación italiana de 1948-1951, sino que respeta la arquitectura filológica reconstruida por Gerratana: las distintas versiones, reelaboraciones, cuadernos misceláneos y cuadernos especiales.

Ese detalle resulta decisivo porque permite observar cómo pensaba Gramsci, no solamente cuáles fueron sus conclusiones.

Ana María Palos: la traductora casi invisible

Existe relativamente poca información biográfica pública sobre Ana María Palos, en contraste con la enorme difusión de su trabajo. Lo que sí está documentado es que tradujo para Era otras obras de ciencias sociales, como México: los límites de la autonomía del Estado, de Nora Hamilton, publicada en 1983. 

Su traducción de los Cuadernos constituye una empresa intelectual considerable. No se trataba sólo de pasar palabras del italiano al español. Palos tuvo que enfrentarse a:

  • la sintaxis densa y frecuentemente inacabada de Gramsci;
  • sus conceptos en proceso de formación;
  • las variantes entre una primera nota y su posterior reelaboración;
  • la terminología filosófica procedente de Marx, Hegel, Croce y Maquiavelo;
  • las expresiones indirectas utilizadas para sortear la vigilancia penitenciaria;
  • y el enorme aparato crítico construido por Gerratana.

Además, debe recordarse que la versión fue revisada por José Luis González: es una traducción autoralmente atribuida a Palos, pero filológica y editorialmente acompañada.

Una valoración de la traducción

La versión de Ana María Palos tiene tres grandes méritos.

El primero es su consistencia conceptual. Términos como hegemoníafilosofía de la praxisbloque históricointelectual orgánicosociedad civilgrupos sociales subalternosrevolución pasiva y voluntad colectiva adquirieron, mediante esta edición, una formulación relativamente estable en el español académico latinoamericano.

El segundo es su fidelidad a la estructura crítica de Gerratana. La traducción no convierte los apuntes en un libro más ordenado de lo que realmente son. Conserva repeticiones, correcciones, interrupciones y desplazamientos que forman parte de la historia intelectual del texto.

El tercero es su importancia cultural. Puede inferirse de su uso continuado en universidades y estudios latinoamericanos que esta versión fue una de las principales puertas de entrada al Gramsci integral, en contraste con las antologías parciales que circulaban anteriormente. 

Su principal dificultad es que el español puede sentirse por momentos rígido, envejecido o excesivamente cercano a la sintaxis italiana. Pero no toda esa dificultad debe atribuirse a la traductora. El original de Gramsci es, por naturaleza, fragmentario, tentativo y estratificado: no fue corregido por el autor para su publicación ni organizado como un sistema cerrado. 

La edición de Era continúa siendo fundamental, aunque hoy deba complementarse con las investigaciones filológicas posteriores y con la nueva edición nacional italiana, que recupera también los cuadernos de traducciones.

¿De qué hablan los Cuadernos?

La obra abarca cerca de tres mil páginas de ensayos breves, apuntes, comentarios, proyectos de investigación y notas reelaboradas. No posee una sola tesis ni un orden argumental continuo. Sin embargo, puede reconocerse un centro gravitacional: el problema de cómo se construye, conserva y transforma el poder en las sociedades modernas

La hegemonía

Ésta es probablemente su aportación más conocida. Para Gramsci, una clase no gobierna únicamente mediante la fuerza, la policía, las leyes o el ejército. También necesita presentar sus intereses particulares como si fueran los intereses naturales de toda la sociedad.

La hegemonía combina:

dirección intelectual y moral, construcción de consenso y capacidad de coerción.

El poder más estable no es aquel que necesita golpear permanentemente, sino aquel que consigue que amplios sectores sociales consideren normal, razonable o inevitable el orden existente. 

De ahí la importancia de la escuela, la Iglesia, la prensa, la literatura, el lenguaje, los partidos, las asociaciones, las universidades y los intelectuales. No son simples adornos de la economía: son espacios donde se construye el sentido común.

Estado y sociedad civil

Gramsci amplía la concepción tradicional del Estado. El dominio moderno no reside sólo en el gobierno y sus aparatos coercitivos, sino también en la red de instituciones sociales que producen consentimiento.

La sociedad civil no aparece como un territorio neutral situado fuera del poder. Es uno de sus principales campos de batalla.

Esta idea ayuda a explicar por qué una crisis económica no produce automáticamente una revolución. Un régimen puede perder eficacia, empobrecer a la población y, sin embargo, conservar apoyos culturales, religiosos, mediáticos, partidistas o afectivos.

Los intelectuales

Gramsci sostiene que todas las personas poseen capacidades intelectuales, aunque no todas desempeñen socialmente la función de intelectuales.

Cada grupo social necesita formar sus propios intelectuales orgánicos: dirigentes, organizadores, maestros, periodistas, técnicos y productores culturales capaces de convertir una experiencia dispersa en una visión coherente del mundo.

El intelectual no es únicamente el escritor encerrado en su biblioteca. También puede ser quien organiza, educa, persuade, administra y da conciencia a un grupo social.

El sentido común y el buen sentido

El sentido común no es para Gramsci una sabiduría pura ni una simple ignorancia. Es una combinación contradictoria de tradiciones, creencias religiosas, prejuicios, experiencias prácticas y fragmentos de filosofías anteriores.

Dentro de ese sentido común puede existir un núcleo de buen sentido: una percepción crítica nacida de la experiencia que puede desarrollarse mediante la educación y la reflexión.

La transformación política requiere, por tanto, algo más que propaganda. Necesita una verdadera reforma intelectual y moral.

Maquiavelo y el partido

En el Cuaderno 13, Gramsci relee El príncipe de Maquiavelo. El príncipe moderno ya no sería un individuo excepcional, sino una organización colectiva: el partido político capaz de reunir fuerzas dispersas y convertirlas en voluntad colectiva.

Aquí aparece una de las tensiones más discutibles de su pensamiento. Gramsci aspira a elevar políticamente a las masas, pero al mismo tiempo concede una función directiva muy fuerte a una organización disciplinada y a una nueva élite dirigente. Por eso su teoría puede inspirar lecturas democráticas y participativas, pero no debe confundirse sin reservas con el liberalismo político. 

Otros grandes temas

Los cuadernos estudian también la filosofía de Benedetto Croce; el materialismo histórico, denominado cautelosamente «filosofía de la praxis»; el Risorgimento y la formación del Estado italiano; la cuestión meridional; las clases subalternas; el americanismo y el fordismo; el periodismo; la literatura popular; el folclore; la religión; la educación; la lingüística y la gramática.

La Fondazione Gramsci resume su alcance como una reflexión sobre la victoria del fascismo, la crisis del Estado-nación, la industrialización, la relación entre dirigentes y dirigidos, la función de los intelectuales, la sociedad de masas, los partidos y la emancipación de las clases subalternas. 

¿Mussolini leía personalmente los cuadernos?

Aquí debemos separar la posibilidad histórica de la afirmación comprobada.

La historia suele narrarse así: los cuadernos eran retirados de la celda, enviados a Roma y entregados a Mussolini, quien se convertía en su primer lector. No existe documentación suficiente para afirmarlo de esa manera.

La principal pista procede de los Taccuini mussoliniani de Yvon De Begnac. En ellos se atribuye a Mussolini una declaración según la cual leía «los cuadernos de apuntes de los condenados por el Tribunal Especial». Esa frase permite preguntarse si algunos de los cuadernos de Gramsci pudieron haber sido enviados temporalmente a Roma. 

El investigador Nerio Naldi examinó esta hipótesis en 2023. Encontró varios momentos en los que los manuscritos pudieron haber quedado a disposición de las autoridades, especialmente entre la segunda mitad de 1932 y enero de 1934. Algunos cuadernos permanecían en el almacén de la prisión de Turi y podían ser retirados sin que Gramsci lo advirtiera inmediatamente.

Sin embargo, la conclusión de Naldi es inequívocamente cautelosa: no pudo identificar una circunstancia precisa que demuestre que Mussolini examinó los cuadernos de Gramsci. Existen condiciones que lo habrían hecho posible, pero no una prueba documental definitiva. 

Por tanto, el veredicto histórico sería:

Es posible que Mussolini haya visto o leído algunos cuadernos, pero no está probado. Es todavía menos sostenible afirmar que los leía sistemáticamente o que fue “el primero” en conocerlos.

Las autoridades penitenciarias podían inspeccionar el trabajo de Gramsci, y Mussolini pudo recibir informes o fragmentos. Pero convertir esa posibilidad en un hecho consumado es transformar una hipótesis interesante en leyenda.

Valoración crítica

Los Cuadernos de la cárcel no son un manual secreto para conquistar la cultura ni una receta para controlar a la sociedad. Esa lectura, popular tanto entre algunos seguidores como entre numerosos adversarios de Gramsci, reduce una obra mucho más compleja.

Su verdadero descubrimiento consiste en mostrar que:

ningún poder duradero se sostiene solamente por la fuerza; necesita penetrar en el lenguaje, las costumbres, las instituciones, las aspiraciones y el sentido común de la sociedad.

Ésa es también su advertencia más vigente. La política no comienza únicamente en los palacios de gobierno ni termina en las urnas. Se desarrolla diariamente en las escuelas, las iglesias, las familias, los medios de comunicación, las redes sociales, las obras culturales y las conversaciones mediante las cuales una sociedad decide qué considera verdadero, posible, normal o deseable.

La gran virtud de Gramsci fue comprender que la dominación contiene siempre una dimensión educativa. Su mayor riesgo consiste en que ese descubrimiento pueda emplearse no para liberar la conciencia, sino para dirigirla desde una nueva ortodoxia.

Por eso los Cuadernos deben leerse críticamente: no como una doctrina terminada, sino como el registro de una inteligencia que trabaja, duda, corrige y vuelve sobre sus preguntas.

El fascismo quiso impedir que aquel cerebro funcionara durante veinte años. En lugar de conseguirlo, creó involuntariamente las condiciones para que Gramsci escribiera una obra que, casi un siglo después, continúa ayudándonos a comprender cómo funciona el poder.

Es la colección completa de seis tomos, en la edición crítica preparada por Valentino Gerratana y traducida por Ana María Palos de Foronda y publicada en español por Ediciones Era, dirigida en ese entonces por Neus Espresate.

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Ana María Palos, la traductora

Blog de Ana María Palos

https://anamariapalos.net

Página en Facebook:

https://www.facebook.com/ana.palos


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