En una pequeña ciudad llamada Kolita, cerca de Rājagaha, la capital del reino de Magadha, nació un niño destinado a ser el segundo discípulo principal del Buddha. Sus padres le pusieron por nombre Kolita, como la ciudad donde nació, ya que había nacido en la familia más importante de esa ciudad. Dado su origen, Kolita nació en un entorno de riquezas y de circunstancias favorables, las cuales le mantuvieron alejado del contacto directo con las penalidades de la vida.
En el mismo día del nacimiento de Kolita, en un pueblo colindante, nació Upatissa, quien llegaría a ser el Venerable Sāriputta. Ambos niños crecieron juntos y siempre mantuvieron una lealtad firme y una devoción abnegada.
(Kolita fue llamado posteriormente Maudgalyayana. Y ambos llegaron a ser los dos discípulos principales del Buda)
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Cuando crecieron, los dos amigos solían reunirse en el río o en el parque para hacer deporte o divertirse junto a un séquito de quinientos jóvenes brahmanes que ambos poseían. Entre celebraciones, risas y momentos excitantes, estos dos jóvenes se divertían durante sus momentos libres. De pronto, un día, durante un festival, extraños pensamientos arrojaron sus sombras sobre los corazones de los dos amigos, que no pudieron seguir riendo y compartiendo su excitación. Mientras contemplaban sentados los juegos y las danzas, el espectro de la mortalidad humana se reveló, por un instante, ante su visión interna. Después, su actitud ya no pudo ser la misma. Para ambos, este ánimo sombrío cristalizaba gradualmente en una pregunta apremiante: “¿Qué estoy haciendo aquí? Antes de que estas gentes hayan cumplido cien años estarán todas muertas. ¿No deberíamos ir en busca de una enseñanza de liberación?” En lugar de estar perdiendo el tiempo en tales espectáculos vacíos que no les aportaban beneficio alguno, decidieron entonces buscar un camino que los liberara de la totalidad del ciclo de renacimientos.
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En una oportunidad, cuando se celebraba en Rājagaha una festividad conocida como El Festival Cumbre, que presentaba espectáculos y diversiones populares, los dos amigos fueron atormentados una noche por extraños pensamientos y profundos sentimientos de descontento. “¿De qué sirven todas estas banalidades? ¿Acaso hay algo aquí que sea digno de contemplar? ¿Qué beneficio aporta una vida dedicada a la búsqueda del disfrute y del placer? Dentro de unos años, todos estos artistas serán viejos y débiles; abandonarán esta vida y continuarán sus transmigraciones a través de la existencia conducidos por el ansia, y nosotros correremos también la misma suerte. ¡En vez de perder el tiempo en estas festividades debemos buscar un camino hacia la liberación!”
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Luego de una incansable búsqueda sin encontrar el camino que los condujera hacia la fuente que les calmara su sed, Upatissa y Kolita abandonaron su vida de vagabundos y regresaron a su país natal de Magadha. Sin embargo, no se daban por vencidos, y tras establecer el pacto de que el primero que encontrara un camino verdadero a la inmortalidad informaría rápidamente al otro, emprendieron su búsqueda por separado.
Un día, Upatissa fue solo a la ciudad y vio a un monje que le había impresionado. Upatissa se le acercó y empezó a hablar con él. Su nombre era Assaji, quien dijo ser un discípulo del asceta Gotama, a quien llamaban el “Iluminado”. Cuando Upatissa le pidió que le explicara la doctrina del Maestro, Assaji resumió una breve estrofa que resumía los puntos esenciales de la Doctrina, una estrofa que en los siglos y milenios por venir se haría célebre en dondequiera que se extendiera la Enseñanza del Buddha:
De todo aquello que surge de una causa,
el Tathagata ha enseñado la causa,
y también cuál es su cesación:
ésta es la Doctrina del Gran Solitario.
En el mismo instante en que Assaji pronunciaba esa estrofa, surgió en Upatissa la visión del Dhamma, libre de contaminación y de mácula: “Todo lo que tiene la naturaleza del surgir, tiene la naturaleza del cesar”.
Luego Upatissa, al encontrarse con Kolita, le explicó lo que le había ocurrido con el monje y tras repetirle la estrofa, Kolita experimentó la misma visión del Dhamma.
El poder del Dhamma para prender la llama del logro de la verdad última es proporcional a la receptividad y el ahínco del discípulo. Para los que se han adiestrado en las disciplinas de la contemplación y la renuncia, que han reflexionado profundamente sobre lo transitorio y lo inmortal y que están preparados para abandonarlo todo por el bien de la liberación final, una breve estrofa de cuatro versos puede revelar incluso más verdad que varios volúmenes de exposición sistemática. Los dos amigos, Upatissa y Kolita, poseían estas cualidades. Ahora se encontraban a salvo en la corriente del Dhamma (sotāpatti), seguros de que su meta se hallaba a su alcance.
Tras escuchar esa poderosa estrofa, los dos amigos decidieron dirigirse al Monasterio de la Arboleda de Bambú en la ciudad de Rājagaha, lugar donde se encontraba el Gran Asceta, el Tathagata. Los dos amigos, sin embargo, decidieron ir, en primer lugar, en busca de su antiguo y primer maestro Sanjaya para comunicarle que habían hallado al Inmortal y persuadirle a la vez que los acompañara a ver al Maestro. Al verle, le invitaron a conocerlo, pero Sanjaya, no obstante la insistencia de Sāriputta y Kolita, declinó la invitación; ofreciéndole a ambos compartir el liderazgo de su comunidad, les dijo: “Si aceptáis mi oferta seréis sumamente respetados, gozaréis de abundante ganancia y de una excelente reputación”. Pero los amigos respondieron: “no nos importaría seguir siendo discípulos toda una vida, pero tienes que decidirte ahora, ya que nuestra resolución es definitiva”. Sanjaya, desgarrado por la indecisión, se lamentaba diciendo: “¡No puedo ir! He sido maestro por muchos años y tengo una vasta comitiva de discípulos. ¡Volver a ser un discípulo sería como si un gran lago se transformara en un cántaro!” Así luchaban en su corazón razones contradictorias: por una parte, su anhelo por la verdad; por la otra, el deseo de preservar su condición superior. Pero prevaleció el segundo motivo y Sanjaya se quedó atrás. Al ver que la mitad de sus discípulos decidieron seguir al Buddha, se dice que se sintió tan abatido por la tristeza y la desesperación que “de su boca chorreó sangre caliente”.
El encuentro con el Buda
Ahora Upatissa y Kolita, a la cabeza de doscientos cincuenta compañeros ascetas, se dirigieron a la Arboleda de Bambú en donde el Buddha estaba enseñando el Dhamma a los bhikkhus. Cuando el Bienaventurado vio aproximarse a los dos amigos, anunció: “Aquí, bhikkhus, llegan los dos amigos Upatissa y Kolita. ¡Ellos serán mis discípulos principales, un par afortunado! Una vez allí, los recién llegados saludaron respetuosamente al Buddha, alzando las manos juntas hasta la frente e inclinándose a sus pies. Entonces, los dos amigos hablaron: “¿Puede permitirnos, Señor, obtener bajo el Bienaventurado los votos de novicio y la admisión completa?” Y el Buddha respondió: “Venid, bhikkhus, bien proclamado es el Dhamma. ¡Vivid ahora la vida santa para poner fin al sufrimiento!” Estas breves palabras bastaron para impartir la ordenación completa a los dos amigos y a su séquito.
Nota:
Estos son extractos de la historia de los dos principales discípulos del Buda: Shariputra (Upatissa) y Maudgalyayana (Kolita), el primero caracterizado por su sabiduría y el segundo por sus poderes paranormales. El primero está siempre a la derecha del Buda y el segundo a la izquierda.
Modgalyayana y sus capacidades paranormales
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Cómo se llamaba el maestro, anterior a conocer al Buda, de Shariputra y Maudgalyayana?
Sí. El maestro con quien estudiaban ambos antes de conocer al Buda fue:
Sañjaya Belaṭṭhiputta (en pali)
En sánscrito suele reconstruirse como:
Sañjaya Vairāṭīputra (menos común; la forma pali es la históricamente más utilizada).
¿Quién era?
Sañjaya Belaṭṭhiputta fue uno de los seis grandes maestros (titthiyas) contemporáneos del Buda. Las fuentes canónicas pali lo presentan como un escéptico radical o agnóstico filosófico.
Cuando se le preguntaba sobre cuestiones fundamentales, como:
• ¿Existe otra vida?
• ¿Existe el karma?
• ¿Existe el Tathāgata después de la muerte?
respondía de forma evasiva. Su método consistía en no afirmar ni negar ninguna de las posibilidades.
El Canon Pali describe este estilo de respuesta como la postura del “anguila escurridiza” (amarāvikkhepa): evitar comprometerse con cualquier afirmación definitiva.
La historia de Śāriputra y Maudgalyāyana
Antes de conocer al Buda:
• Śāriputra (Upatiṣya)
• Maudgalyāyana (Kolita)
eran amigos desde jóvenes.
Ambos abandonaron la vida mundana buscando la liberación y se hicieron discípulos de Sañjaya.
Sin embargo, después de un tiempo llegaron a la conclusión de que su maestro no había alcanzado el conocimiento definitivo.
Entonces hicieron un pacto:
“Quien encuentre primero el camino hacia lo Inmortal, avisará inmediatamente al otro.”
Ese pacto es uno de los episodios más bellos de toda la tradición budista.
Entonces ocurre el encuentro decisivo
Un día Śāriputra vio caminar por la ciudad al monje Aśvajit.
Lo que le impresionó no fue un discurso.
Fue su presencia.
El Canon describe que Aśvajit caminaba con:
• serenidad,
• dignidad,
• atención,
• compostura.
Śāriputra pensó inmediatamente:
“Este monje ha realizado algo extraordinario.”
Se acercó y le preguntó:
“¿Quién es tu maestro?”
Aśvajit respondió:
“El Gran Asceta, el hijo de los Śākya.”
Entonces Śāriputra preguntó:
“¿Qué enseña?”
Aśvajit respondió humildemente que era un discípulo reciente y que no podía explicar toda la enseñanza.
Pero añadió:
“Puedo decirte su esencia.”
Y recitó el verso:
Ye dharmā hetu-prabhavā…
Al escucharlo, Śāriputra obtuvo la Entrada en la Corriente (Sotāpanna).
Después buscó inmediatamente a Maudgalyāyana y le repitió el mismo verso.
Maudgalyāyana alcanzó también la Entrada en la Corriente.
Ambos regresaron con Sañjaya para invitarlo a conocer al Buda.
¿Qué ocurrió con Sañjaya?
Aquí la historia es muy humana.
Sañjaya rechazó la invitación.
Las fuentes cuentan que muchos de sus discípulos (tradicionalmente unos 250) abandonaron su escuela para seguir al Buda junto con Śāriputra y Maudgalyāyana.
Sañjaya, movido por el apego a su posición como maestro, decidió permanecer donde estaba.
Este episodio suele interpretarse como un ejemplo de cómo el apego al prestigio o a las propias ideas puede convertirse en un obstáculo para reconocer una verdad más profunda, incluso cuando está muy cerca.
Creo que esta figura de Sañjaya será muy importante para la ilustración que quieres hacer. En esa escena no debería aparecer como un “villano”, sino como un buscador sincero que llegó hasta cierto punto del camino, pero que no dio el último paso. Eso hace que el contraste con Aśvajit, Śāriputra y el Buda sea mucho más humano y mucho más fiel al espíritu de las fuentes canónicas.

