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¿Es válida la propaganda en una democracia? ¿Qué es la propaganda? ¿Se está haciendo propaganda hoy día en México? ¿Qué tipo de regímenes políticos utilizan más la propaganda? ¿Qué dicen los criticos y qué dice la Inteligencia Artificial?

Guacamaya Leaks

@GuacamayanLeaks

·

1h

Aquí 6 puntos por los que la mañanera de 

@Claudiashein

 es propaganda y debería ser suspendida.

El gobierno gasta millones en publicidad oficial, para también gastar en los delirios de la presidenta.

¿Crees que se deberían cancelar las mañaneras o convertirse en conferencias de prensa sin paleros?

Todo depende cómo se defina propaganda.

El diccionario de la Lengua Española define así a la “propaganda”

Del lat. mod. [Congregatio de] propaganda [fide] ‘[Congregación para] la propagación [de la fe]’, congregación de la curia romana encargada de las misiones, que fundó Gregorio XV en 1622.

1. f. Acción y efecto de dar a conocer algo con el fin de atraer adeptos o compradores.

2. f. Textos, trabajos y medios empleados para la propaganda.

3. f. Asociación cuyo fin es propagar doctrinas, opiniones, etc.

4. f. Rel. En la Iglesia católica, organismo de la curia romana encargado de la propagación de la fe.

Real Academia Española © 

Si se toma la definiócin de propaganda como de propagar algo: una idea, un producto, una información, etc. Parece que la propaganda es algo inocente y que no habria razones para prohibirla.

Pero si vamos al fondo del asunto y vemos que la propaganda es un acto deliberado de mentir, de engañar, de manipular, de torcer la verdad o de propagar fake news o falsas noticias, con un fin político perverso. Entonces si que debe prohibirse. Este es el enfoque que los criticos y La Carpeta Púrpura asumen. En cambio la IA y la RAE se van por el enfoque light o suave. ¿Usted, querido lector, qué opina?

La opinión editorial de La Carpeta Púrpura es que la propaganda debería estar prohibida en una democracia y más cuando quien la realiza es el gobierno en turno, o debría estar fuertemente regulada.. pero veamos qué dice al respecto la Inteligencia Artificial (IA) de ChatGPT sobre estas preguntas: ¿Es válida la propaganda en una democracia? ¿Qué es la propaganda? ¿Se está haciendo propaganda hoy día en México? ¿Qué tipo de regímenes políticos utilizan más la propaganda? 

Sí. La propaganda puede existir legítimamente dentro de una democracia. De hecho, una democracia sin persuasión política sería difícil de imaginar. El problema comienza cuando la propaganda deja de competir con otras versiones y pasa a dominar, manipular o cerrar el espacio informativo.

¿Qué es exactamente la propaganda?

Una definición académica muy utilizada entiende la propaganda como un esfuerzo deliberado y sistemático para moldear percepciones, influir en la manera de interpretar la realidad y orientar la conducta en beneficio de los objetivos de quien emite el mensaje. 

Esto tiene una consecuencia fundamental:

Propaganda ≠ mentira.

Una propaganda puede contener información completamente verdadera. Lo que la convierte en propaganda es principalmente su propósito persuasivo, la selección de los hechos, su encuadre, repetición y orientación hacia una conclusión determinada. Puede utilizar verdades, verdades parciales, exageraciones, omisiones o falsedades.

Por eso conviene diferenciar:

Información: “Esto ocurrió.”
Opinión: “Creo que esto es bueno/malo.”
Propaganda: “Quiero que interpretes lo ocurrido de determinada manera y adoptes una posición.”
Desinformación: “Te proporciono deliberadamente información falsa o engañosa.”

La frontera entre información gubernamental y propaganda es tan importante que el propio Tribunal Electoral mexicano utiliza precisamente la finalidad del mensaje para distinguirlas: si simplemente informa sobre una situación concreta, puede ser comunicación gubernamental; si presenta acciones o logros buscando adhesión, aceptación o una mejor percepción ciudadana, puede constituir propaganda gubernamental. 

Entonces, ¿la propaganda es válida en una democracia?

Sí, pero con límites.

Un partido que dice “somos la mejor opción porque hicimos A, B y C” está haciendo propaganda. Una candidata que publica un spot para persuadir a los electores está haciendo propaganda. Una organización ambiental que trata de convencer a la sociedad para abandonar los combustibles fósiles también puede estar haciendo propaganda en el sentido técnico del término.

En una democracia, lo democrático no consiste en eliminar la propaganda sino en que exista competencia de narrativas: gobierno, oposición, periodistas, organizaciones sociales, académicos y ciudadanos deben poder cuestionar las afirmaciones de los demás.

Por eso la propaganda resulta mucho más problemática cuando se combinan cuatro elementos: poder del Estado + recursos públicos + capacidad de imponer agenda + dificultad para que exista contradicción.

La legislación mexicana reconoce precisamente esa diferencia. El artículo 134 constitucional permite comunicación gubernamental, pero exige carácter institucional y fines informativos, educativos o de orientación social; además, prohíbe utilizarla para promoción personalizada y establece obligaciones de imparcialidad en el empleo de recursos públicos. La jurisprudencia electoral agrega que la propaganda gubernamental no debe utilizarse para influir en las preferencias electorales. 

¿Se hace propaganda actualmente en México?

Indudablemente. Y no solamente desde el gobierno.

Hay propaganda gubernamental, partidista, electoral, opositora, empresarial, ideológica, activista y, actualmente, incluso propaganda producida por organizaciones criminales.

El caso más interesante desde el punto de vista del poder político son las conferencias mañaneras.

No sería técnicamente correcto afirmar que toda la Mañanera es propaganda. Una explicación sobre un huracán, la publicación de una estadística o la información sobre un trámite pueden constituir simplemente comunicación gubernamental.

Pero determinadas partes pueden convertirse en propaganda cuando se utilizan sistemáticamente para presentar logros, construir una interpretación favorable del gobierno, señalar adversarios, desmentir versiones críticas o fijar el marco mediante el cual debe interpretarse un acontecimiento. Ese análisis debe hacerse mensaje por mensaje; precisamente así lo ha establecido el Tribunal Electoral. 

Y el asunto es extraordinariamente actual. Hoy, 13 de agosto de 2026, existe una controversia política precisamente alrededor de esto. El PAN presentó una iniciativa para someter las conferencias presidenciales al derecho de réplica en determinados supuestos, argumentando que el Estado posee una capacidad desproporcionada para instalar su versión de los acontecimientos. Paralelamente, el Ejecutivo creó en junio una conferencia semanal llamada “Derecho de réplica”, destinada a contraponer “datos oficiales” a informaciones que considera falsas. 

Esto es casi un laboratorio contemporáneo de propaganda y contrapropaganda.

Pero sería analíticamente incorrecto detenernos ahí.

Cuando dirigentes opositores califican sistemáticamente al gobierno de dictaduranarcogobiernorégimen autoritario o utilizan determinados acontecimientos para instalar una narrativa política, también pueden estar realizando propaganda, independientemente de que los hechos que invoquen sean ciertos, parcialmente ciertos o falsos. Actualmente, por ejemplo, dirigentes opositores mexicanos están desplegando campañas nacionales e internacionales construidas precisamente alrededor de una narrativa de autoritarismo gubernamental. 

Morena hace propaganda.

PAN hace propaganda.

PRI hace propaganda.

Los gobiernos hacen propaganda.

Los opositores hacen propaganda.

Los movimientos sociales hacen propaganda.

Y las redes sociales han multiplicado enormemente la capacidad de hacerlo.

Eso no demuestra por sí mismo que México sea una dictadura. Demuestra que existe una lucha por el control de la percepción pública.

¿Qué régimen utiliza más propaganda?

Podemos visualizarlo como un continuo:

RégimenUso característico
Democracia liberalPropaganda competitiva y plural
Democracia degradada / régimen híbridoPropaganda gubernamental creciente y menor simetría informativa
Autoritarismo electoralPropaganda estatal intensa + medios afines + restricciones a adversarios
Dictadura autoritariaPropaganda + censura + control informativo
TotalitarismoPropaganda prácticamente omnipresente + monopolio ideológico

La investigación contemporánea sobre autoritarismo muestra que esos regímenes combinan propaganda con censura, control de medios y manipulación del entorno informativo; la propaganda puede servir tanto para persuadir como para demostrar el poder del régimen y desalentar la oposición. 

El totalitarismo históricamente lleva esta lógica al extremo: no pretende únicamente que el ciudadano vote por el gobierno, sino construir una explicación integral de la realidad y reducir radicalmente las narrativas alternativas.

Pero hay un hallazgo importante de la investigación contemporánea: las democracias tampoco son inmunes a la propaganda, e incluso formas intensas de propaganda pueden resultar eficaces dentro de sociedades democráticas. 

Aquí está, para mí, la distinción verdaderamente útil para analizar México

No preguntaría solamente:

“¿Hay propaganda?”

Porque la respuesta será prácticamente siempre .

La pregunta diagnóstica mucho más poderosa sería:

¿Existe todavía un mercado competitivo de interpretaciones de la realidad, o un actor está adquiriendo capacidad para imponer la realidad políticamente aceptable?

Ese cambio es crucial.

En una democracia:

Gobierno → propaganda A
Oposición → propaganda B
Medios → investigan A y B
Ciudadano → puede contrastarlas y decidir.

En un régimen que comienza a deteriorarse:

Gobierno → narrativa A
medios dependientes → reproducen A
instituciones → validan A
críticos → tienen costos crecientes por cuestionar A
narrativas alternativas → pierden alcance.

En una dictadura:

Narrativa A = verdad oficial.

Por eso la cantidad de propaganda no es el mejor indicador del grado de democracia. Los indicadores más sensibles son la asimetría de poder comunicacional, el uso de recursos públicos, la libertad de contradicción, la independencia de los medios, la transparencia sobre quién financia los mensajes y las consecuencias que enfrenta quien desafía la narrativa dominante.

Y eso vuelve especialmente interesante el México de 2026: no solamente debemos medir qué dice el gobierno, sino cuánta capacidad tiene para fijar la agenda, quién puede contradecirlo, con qué alcance, con qué recursos y a qué costo. El ecosistema informativo mexicano, además, enfrenta presión económica sobre los medios tradicionales, pérdida de confianza y creciente predominio de redes sociales y video como vías para consumir noticias. 

Creo que de aquí podría salir un MAR particularmente potente para La Carpeta Púrpura: construir un “Propagandómetro” con variables objetivas que permita distinguir comunicación → persuasión → propaganda → manipulación → monopolio narrativo. Eso nos permitiría después aplicarlo a la Mañanera, Morena, PAN, medios y redes con el mismo instrumento, evitando juzgar propaganda según quién la emite.

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