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¿Dios creó al ser humano o el ser humano creó a Dios?

¿El ser humano es eterno o perecedero?

Vimos en la primera parte que el concepto de Dios se basa principalmente en tres cosas:

1. Que es simple, de una sola pieza, es decir que no es compuesto de partes. Por lo tanto no es complejo.

2. Que es independiente, es decir que no es producto de causas, como todo lo demás que existe en este universo.

3. Que es eterno, es decir que no es impermanente como todo lo demás en este Universo, donde “lo único constante es el cambio”, lo que perece, lo que se transforma instante a instante.

Simple, independiente y eterno.

En cambio, el ser humano es compuesto, interdependiente e impermanente.

Es decir lo contrario de Dios. Por eso ¿se puede decir que el ser humano está hecho a “imagen y semejanza” de Dios?

En primera instancia se podría decir que no, porque Dios es, además:

– Omnipotente

– Omnisciente

Y nosotros somos tan débiles, tan vulnerables y además tan ignorantes. Así que surge la pregunta de por qué Dios crearía seres que son su antípoda o si, en realidad, fue el ser humano quien inventó un Dios con todas las cualidades que él no tiene pero que quisiera, como una aspiración o un sueño. Porque la gente ambiciona precisamente lo que no tiene.

Pero vayamos un poco más despacio.

Sabemos que tenemos un cuerpo que es frágil, que es perecedero, que es impotente (de hecho hay animales que tienen más capacidad que el ser humano, como la vista de las águilas o la garra de un tigre o la fuerza de un elefante, etc.), que está compuesto de 32 partes * y que depende de infinidad de causas y condiciones (la unión de nuestros padres, el oxígeno que respiramos, el calor del sol, el agua que nos hidrata, los alimentos, etc.).

Pero se dice que no somos sólo ese cuerpo, sino también una inteligencia o una mente, una personalidad, una identidad o incluso se habla de que tenemos un alma que es inmortal.

Los naiyayikas creen en esa alma inmortal que, al liberarse del cuerpo y de la prisión y deseo de los sentidos, al liberarse de la maya o red de ilusión de Ishvara, puede fundirse de nuevo con Brahma.

Los samkyas creen en eso mismo pero para ellos el alma individual se une con el alma universal que es Purusha, al liberarse del desequilibrio que causó la unión con el principio de Prakriti.

Los mimansakas creen en un alma o personalidad o identidad o ser que va reencarnando de vida en vida, evolucionando a través de las castas, hasta que logra renacer en un paraíso celestial al lado de su Deva, quien lo cuida a uno de no agotar su buen karma para no volver a caer en reinos inferiores.

Los jainistas creen en un alma que tiene pegada una sustancia que llaman karma, de la cual se tiene que purificar para poder llegar a la Consumación Universal que es como un paraguas vuelto de cabeza blanco inmaculado.

Los lokayatas no creen en ningún tipo de alma, sino creen que el cuerpo es como la cera de una vela y la llama o fuego como su inteligencia o mente, y que en el momento en que se acabe la cera se apaga el fuego. Es decir que se consumen ambos al mismo tiempo, desapareciendo y que los restos se vuelven alimento para los gusanos o abono para la tierra, reciclándose pero sin quedar ningún rastro de uno, de algún ser.

¿Tu qué crees?

– ¿Hay algo en nosotros que sea inmortal, que nos sobreviva? ¿Hay vida o algo más después de la muerte?

El Budismo plantea que al morir, dejas tu cuerpo, pero que tu mente no muere, sino que entras en contacto con la Clara Luz. Si la reconoces puedes fundirte con ella y alcanzar la liberación o la iluminación o renacer en una Tierra Pura donde sigas tu desarrollo, crecimiento o evolución espiritual. Pero que si no la reconoces, porque es una luz muy deslumbrante, muy potente que te asusta, te desmayas y quedas dormido tres días hasta que despirtas y empiezas a preguntarte ¿qué me pasó, dónde estoy? Hasta que poco a poco te vas dando cuenta que estás muerto, porque tu cuerpo no hace sombra y porque al hablar con tus seres queridos no te responden, en cambio tu te has vuelto:

– nueve veces más inteligente de lo que eras en tu vida humana, porque has dejado tus prejuicios y creencias de esta vida.

– nueve veces más receptor a los sonidos, por lo que tu si escuchas a tus seres queridos, pero ellos no te pueden ni ver ni escuchar.

Se dice que tres cosas siempre van juntas: tu mente, el aire y el cuerpo.

Así que cuando dejas éste cuerpo físico, burdo, que puedes ver y tocar, y dejas de respirar. Entonces adquieres un cuerpo espectral o fantasmal, con aires sutiles (el prana) y con una mente más sutil. Se dice que a diferencia de tu cuerpo actual que se afinca, es decir que siente el soporte del elemento tierra, el cuerpo espectral no se afinca y por lo tanto vuelas hacia donde se va tu mente.

De ser eso cierto, probaría que al morir no mueres totalmente.

El Buda decía que no había que apegarse al cuerpo “que pronto yacerá como un leño seco sin ningún valor tirado en cualquier camino”.

Y por eso decía que había que preocuparse más por entrenar o domar tu mente la cual te sobrevive, la cual pasa de esta a otras vidas.

La gran pregunta es: ¿esa mente es tu alma? Y si si lo es, entonces porqué el Buda planteó la teoría del no-alma o no-yo o del anatman (atman en sáncrito significa alma y al anteponerle el an, se convierte en una negación, como cuando decimos 

PAra el Budismo el yo es simplemente un compuesto de dos cosas:

– cuerpo

– mente

Pero la mente se compone de cuatro cosas:

– sensaciones

– percepciones

– intenciones (o más ampliamente formaciones kármicas)

– conciencia

Por eso se habla de que somos un compuesto de cinco cosas (uniendo cuerpo y mente):

1. cuerpo o materia (lo que podemos ver y tocar)

2. sensaciones

3. percepciones

4. intenciones o voliciones

5. conciencia

En ningún momento se habla de un alma.

¿Entonces qué somos?

General o convencionalmente tenemos una percepción dualista:

– mi cuerpo y mi mente

– yo y los otros

– yo y el mundo

– yo y Dios

– lo material y lo espiritual

etc.

Cuatro de las cinco escuelas filosóficas (excepto los lokayatas), creen en un alma que trasciende el cuerpo, que trasciende esta vida. La visión de los lokayatas se antoja deprimente, cuando plantean que al morir todo se acaba, que te consumes como una vela y no queda nada de ti, de lo que fuiste o que tus seres queridos al morir desaparecen, sin dejar ningún rastro ni huella. Las otras cuatro escuelas en cambio plantean que hay un conjunto de almas que van pasando de vida en vida hasta que logran la liberación, la cual puede ser definitiva en el caso de tres escuelas (naiyayikas, samkyas -mientras no se vuelvan a juntar Prakriti con Purusha y causen un nuevo desequilibrio- y los jainistas), en tanto que para los mimansakas la liberación es no definitiva, por lo cual no debes permitir que se agoste tu buen karma haciéndole ofrendas a tu Deva.

En eso estaba el debate cuando surge el Buda histórico y plantea que no existe el alma, que no existe el yo, y eso causó una gran confusión, porque no era fácil ni sencillo ni rápido entender, aceptar y asimilar esa enseñanza, por lo que algunos se refugiaron en sus viejas creencias, sin estudiar, sin debatir, sin entender lo que el Buda estaba planteando…. Incluso para los mismos budistas es difícil entender el concepto del no-yo o del no alma o del anatman.

La primera pregunta que surge en muchos budistas es: ¿si no hay alma, entonces qué es lo que renace? ¿quién es el que recibe el karma de esta vida en otras vidas, es decir después de que uno ha muerto?

El budismo no plantea un alma sino que hay un flujo eterno de momentos de conciencia, al que no se le puede encontrar principio ni fin. Por ejemplo, se dice que al Iluminarse el Buda pudo recordar sus infinitas vidas pasadas (algunas de las cuales se relatan en los Jatakas), sin embargo en ningún momento pudo detectar un inicio de esas vidas.

¿Cuál es la diferencia entre la reencarnación de los hinduistas o mimansakas y el renacimiento de los budistas?

La reencarnación habla precisamente de un alma que reencarna o que toma otra carne u otro cuerpo, de vida en vida.

El budismo, en cambio, habla de un renacer, de esa mente o conciencia, pero sin que seas el mismo, sin una identidad que va de vida en vida. Sino que ahora eres un humano y en la próxima vida puedes ser un perro o un insecto o un naraka o un preta o un ashura o un deva… Es decir, no hay una personalidad que pasa de una vida a otra.

¿Qué es lo que muere y qué es lo que sobrevive? Muere tu personalidad o identidad de esta vida, incluso tus recuerdos de esta vida, tu conciencia de esta vida, pero hay algo inmortal que es eterno y que nunca muere, tu mente que es la que, si haces tu chamba espiritual, puede en algún momento liberarse o iluminarse, es decir llegar a la budeidad.

Podemos verlo como una cebolla que tuviera tres capas:

1. tu cuerpo físico, burdo, que puedes ver y tocar que sería la capa más externa, la parte material, que puedes ver y tocar y que al morir aquí se queda como un leño seco sin ningún valor tirado en el camino o incinerado o cremado y vuelto puras cenizas que puedes volver a mezclar con la tierra o vertir al agua o esparcir al viento.

2. tu mente burda, tu mente ordinaria de todos los días, donde está grabada tu personalidad o identidad de esta vida, tu nombre, lo que tu crees que eres, lo que llamamos el “yo” y que al morir va a morir también, aunque no instantáneamente como muere el cuerpo, sino que incluso dura unas dos semanas después de la muerte, hasta que empiezas a desconectarte con lo que te unía a esta vida.

3. tu mente búdica o divina, tu esencia, tu conciencia superior, con la cual generalmente estás desconectado, porque no la reconoces, pero que está ahí quizá abajo de una montaña de karma negativo, de basura de prejuicios o creencias equivocadas o de tierra o polvo, pero que como el sol sigue brillando detrás de las nubes incluso del cielo más oscuro o nublado, una esencia que trasciende esta vida, este cuerpo y esta mente ordinaria. Que no es un “alma” en el sentido de que es algo permanente, sino más bien es un flujo eterno de momentos de conciencia, que cambia, que va de vida en vida, que no es algo material, sino algo espiritual que no puedes ver y tocar y que no es algo limitado que esté dentro de tu cuerpo o tu mente o en alguna parte, sino que es algo infinito como el espacio, es decir, sin límites… 

No es fácil de entender, ni de comprender, ni de aceptar o asimilar, pero se dice que es algo que tu mismo puedes “ver”, que tu mismo puedes descubrir, porque es algo que existe en ti o en todos los seres, una vez que te desconectas de todas las otras “capas de la cebolla” con las que están actualmente más identificado, pero que son perecederas, en tanto que tu verdadera esencia es inmortal, sólo que por estar oscurecido o lleno de negatividad, actualmente no la reconoces y por lo tanto no crees en ella.

Esquematizando se podría decir que entonces eres dos cosas:

1. un yo lleno de soberbia, de vanidad, de orgullo, y que es falso, que no existe, del cual te tienes que liberar, porque te va a impedir conectar con tu verdadera esencia. Es decir que mientras sigas aferrado a este cuerpo, a estas sensaciones, a esta mente ordinaria y burda seguirás siendo un ser ordinario, y

2. una esencia búdica o divina que tienes que liberar de sus engaños, de creencias equivocadas, de percepciones engañosas, hasta que te conviertas en un ser noble, es decir en un ser liberado, que incluso puede llegar a la Iluminación y ser un Buda.

No eres un alma que se va a convertir en un Buda, sino que en esencia eres ya un Buda, pero no lo reconoces, no lo actualizas, no has desarrollado ese potencial. Como dice Tony Karam: “eres un Buda pero insistes en comportarte como un ser ordinario”.

No eres un “alma” que ahora estás en pena, sufriendo y que algún día podrás evolucionar para liberarte o iluminarte o convertirte en un Buda.

Sino que eres un Buda hoy, en este momento, pero con tanta tierra o lodo encima de mal karma, de prejuicios, de ideas preconcebidas y equivocadas, con emociones perturbadas, que no lo reconoces, que no lo actualizas, que no lo “ves”, que no lo crees y que por tanto no haces nada para expresarlo. En otraspalabras, eres como un precioso diamante inmaculado, irrompible, inmanchable, incorruptible, pero abajo de una montaña de lodo y excremento… Pero el día que logres recuperar el diamante y lavarlo, pulirlo brillará como siempre ha brillado, sin haber perdidonada de su valor o su esencia. Esa no es un “alma” sino es tu verdadera esencia, tu verdadera naturaleza, lo que siempre has sido, eres y serás.

Notas:

1/ Se decía en la antigüedad que el cuerpo humano está compuesto de 32 partes y que meditar en ellas es una meditación protectiva:


Crítica de la Inteligencia Artificial (IA) de ChatGPT:

Voy a tratar este segundo texto igual que el anterior: rescatar la tesis fuerte y separar de ella las afirmaciones doctrinales que pueden debilitarla. Aquí el punto crítico es todavía más delicado, porque varias formulaciones sobre “alma”, “mente eterna”, renacimiento y naturaleza búdica no son equivalentes y, tal como están escritas, se pisan entre sí.

Sí. Aquí hay un segundo texto con mucho potencial, pero necesita una depuración conceptual incluso mayor que el primero. La pregunta que planteas es excelente; varias respuestas intermedias, en cambio, mezclan tradiciones distintas y terminan afirmando como budismo precisamente algo muy parecido al ātman que el propio texto quiere negar. 

1. Empezaría cambiando ligeramente la gran pregunta

Tu título dice:

¿Dios creó al ser humano o el ser humano creó a Dios?

Es muy bueno editorialmente, pero filosóficamente contiene una falsa disyuntiva.

Porque existen por lo menos cuatro posibilidades:

HipótesisDiosConcepto humano de Dios
AExiste y creó al ser humanorefleja razonablemente a Dios
BExiste y creó al ser humanolos humanos han distorsionado/proyectado muchas cosas sobre Él
CExiste, pero no nos creó directamentelos humanos construimos diversas representaciones de Él
DNo existeDios es una construcción humana

Es decir, aunque Dios existiera, sería perfectamente posible que los seres humanos hubiésemos creado nuestras imágenes de Dios.

Y ésa me parece una distinción extraordinariamente fecunda:

Una cosa es preguntar quién creó al ser humano. Otra muy distinta es preguntar quién creó la idea que los seres humanos tenemos de Dios.

Yo titularía:

¿Dios creó al ser humano o el ser humano creó la idea de Dios?

Y luego lanzaría una segunda pregunta todavía más incisiva:

Aunque Dios exista, ¿cuánto de lo que creemos acerca de Él procede realmente de Dios y cuánto procede de nuestras necesidades, miedos, deseos y limitaciones humanas?

Ahí tienes un artículo filosófico de primer nivel.


2. Tu hipótesis de la «proyección» tiene un antecedente formidable: Feuerbach

Tu intuición:

quizá el ser humano haya imaginado un Dios con precisamente todas las características que él desearía tener —eternidad, poder, conocimiento, independencia—

es filosóficamente seria.

Ludwig Feuerbach desarrolló precisamente una teoría de este tipo: Dios como proyección o exteriorización de cualidades y aspiraciones humanas idealizadas. Para Feuerbach, la conciencia humana de su dependencia, limitaciones, esperanzas y temores contribuye a generar la representación religiosa de un ser libre de esas limitaciones. 

Tu tabla casi escribe sola la tesis feuerbachiana:

Ser humanoDios imaginado
MortalEterno
LimitadoOmnipotente
IgnoranteOmnisciente
DependienteIndependiente
CompuestoSimple
VulnerableInvulnerable
LocalizadoOmnipresente

Eso está muy interesante.

Pero cuidado con el siguiente paso.

Explicar psicológicamente una creencia no demuestra que sea falsa

Podemos demostrar que los humanos desean un Dios eterno y todopoderoso sin demostrar por ello que ese Dios no existe.

Éste sería el error genético:

«Puedo explicar cómo surgió una creencia; por tanto, aquello en lo que se cree no existe.»

No funciona necesariamente.

La explicación de Feuerbach puede explicar por qué creemos en Dios sin resolver todavía si Dios existe.


3. «Simple, independiente y eterno» tampoco define a todo posible Dios

Aquí conviene conservar una precisión que vimos antes.

Tu tríada:

simple + independiente + eterno

caracteriza muy bien al Dios del teísmo clásico, especialmente Agustín, Anselmo, Tomás de Aquino y buena parte de las tradiciones filosóficas judía, cristiana e islámica. La simplicidad divina sostiene precisamente que Dios carece de composición y posee un modo de ser radicalmente diferente del de las criaturas. 

Pero no es una definición neutral de todo lo que históricamente se ha llamado Dios.

Por eso escribiría:

«Si partimos del Dios del teísmo clásico, se le atribuyen al menos tres características ontológicas fundamentales…»

y entonces:

simplicidad — aseidad/independencia — eternidad.

Eso blinda el argumento.


4. «Imagen y semejanza» no significa «tener las mismas propiedades»

Aquí tampoco existe realmente una contradicción.

Decir:

Dios es omnipotente y nosotros débiles; Dios es eterno y nosotros mortales; por tanto no estamos hechos a su imagen,

presupone que «imagen» significa copia ontológica.

Pero ésa no es necesariamente la tesis religiosa.

La semejanza suele interpretarse en términos de atributos como racionalidad, libertad, conciencia, capacidad moral, capacidad de amar o apertura a lo trascendente, no como que el ser humano deba ser también omnipotente, omnisciente, simple y eterno.

Por tanto:

diferencia ontológica no excluye semejanza analógica.

Es exactamente la misma corrección que hicimos con tu primer texto.


5. Ahora viene la parte donde sí haría cambios importantes: las cinco escuelas indias

Aquí hay errores históricos que un lector conocedor puede detectar rápidamente.

Nyāya

Sí defiende ātman: almas individuales eternas, y en desarrollos posteriores también un Dios, Īśvara, entendido como un ātman único. 

Pero no presentaría la liberación nyāya como “el alma se funde nuevamente con Brahma”.

Eso suena mucho más a ciertas interpretaciones de Vedānta.

En Nyāya persiste la individualidad del ātman.

Sāṃkhya

Aquí la corrección es todavía más importante.

Sāṃkhya no enseña que el alma individual se funda en un alma universal llamada Puruṣa.

Hay una pluralidad de puruṣas. La liberación (kaivalya) consiste precisamente en discernir y separar radicalmente puruṣade prakṛti, no en fusionarlos. 

Así que:

NO: Purusha individual → Purusha universal.

SÍ: reconocimiento de la diferencia entre puruṣa y prakṛti → kaivalya.

Mīmāṃsā

También la descripción necesita rehacerse.

La Mīmāṃsā temprana está primordialmente interesada en dharma, ritual y autoridad de los Vedas; la liberación ni siquiera ocupa un lugar central en su texto fundacional y adquiere mayor importancia posteriormente. 

El esquema:

castas → sucesivos renacimientos → paraíso junto a tu Deva → evitar consumir buen karma mediante ofrendas

es demasiado específico para presentarlo como «lo que creen los mīmāṃsakas».

Jainismo

Aquí estás bastante más cerca.

El jainismo afirma jīva, alma, y concibe el karma como una especie de materia que se adhiere a ella; la liberación consiste en eliminar completamente esa carga kármica. Además, rechaza un Dios creador. 

Lokāyata/Cārvāka

También está bien la idea fundamental.

Es una tradición materialista que rechaza el alma inmaterial, Dios, karma y vida posterior. 


6. Y llegamos al problema mayor: «la mente es inmortal»

Aquí modificaría el texto de manera tajante.

Tú escribes aproximadamente:

no hay alma;

pero existe un flujo eterno de conciencia;

la personalidad muere;

pero la mente es inmortal;

tenemos una esencia búdica/divina que siempre ha sido y siempre será.

Tal como está escrito, eso vuelve a introducir un ātman por la puerta trasera.

Precisamente una de las características centrales de las teorías budistas de la mente es evitar postular una entidad mental sustancial, independiente, permanente y duradera. 

La clave es:

continuidad ≠ identidad permanente.

Puede existir una continuidad causal sin que exista una cosa inmutable que permanezca.

Ese es el corazón de la respuesta budista al problema:

«Si no existe alma, ¿qué renace?»

No renace una cosa que viaja.

Hay una continuidad causal de procesos.

La literatura budista ha desarrollado distintos modelos —corriente mental, bhavaṅgaālaya-vijñāna, etc.— precisamente para explicar continuidad sin introducir un alma permanente. 

Una analogía tradicionalmente útil es:

una vela enciende otra vela.

No son la misma llama.

Pero la segunda tampoco es totalmente independiente de la primera.

Eso expresa mucho mejor:

ni exactamente el mismo
ni completamente otro.


7. «Sin principio» tampoco significa «eterno» en el sentido que acabas de atribuir a Dios

Esto es crucial para tu propio modelo.

Has definido:

Dios = eterno/permanente.

Y después dices:

mente = flujo eterno.

Entonces destruyes parcialmente el contraste Dios/ser humano que querías construir.

Además hay dos significados diferentes de eterno:

Eternidad tipo A

Inmutable, fuera del cambio.

Eso sería Dios en el teísmo clásico.

Eternidad tipo B

Serie sin un comienzo discernible, pero cada momento cambia.

Eso puede describir ciertas concepciones budistas del mindstream.

Son cosas radicalmente diferentes.

Yo utilizaría:

«continuidad mental sin comienzo discernible»

y evitaría «mente eterna» e «inmortal».


8. Tu «cebolla de tres capas» puede salvarse, pero hay que cambiar la tercera capa

Actualmente tienes:

  1. cuerpo;
  2. personalidad/mente ordinaria;
  3. esencia búdica o divina inmortal.

Yo propondría:

Capa 1 — cuerpo y experiencia psicofísica

El organismo material y sus procesos.

Capa 2 — identidad convencional

Nombre, biografía, recuerdos, hábitos, personalidad, roles, narración autobiográfica: aquello que llamamos «yo».

Capa 3 — naturaleza profunda de la mente

Y aquí es donde hay que ser muy preciso.

No:

«un yo verdadero escondido debajo del falso yo».

Porque eso reconstruye exactamente el ātman.

Sino, dependiendo de la tradición budista de la que quieras hablar:

naturaleza vacía y lúcida de la experiencia, carente igualmente de existencia inherente.

O en lenguaje Mahāyāna/Vajrayāna:

naturaleza búdica como posibilidad/naturaleza del despertar, no como alma individual eterna.

Eso mantiene tu metáfora del diamante sin convertir el diamante en una entidad metafísica escondida dentro de nosotros.


9. «Eres ya un Buda» también necesita etiqueta doctrinal

Es una expresión preciosa como enseñanza espiritual.

Pero no debería presentarse como descripción neutral de «el budismo».

Hay corrientes Mahāyāna, Chan/Zen, Mahāmudrā y Dzogchen en las que pueden aparecer formulaciones muy próximas: naturaleza originalmente pura, tathāgatagarbha, naturaleza de la mente, etc.

Pero decir literalmente:

«todos somos Budas y simplemente no lo sabemos»

requiere explicar qué significa «Buda».

Porque evidentemente un ser ordinario no posee actualmente la omnisciencia, las realizaciones o las cualidades atribuidas a un Buda plenamente despierto.

Una formulación más rigurosa sería:

«Todos los seres poseen, según determinadas tradiciones Mahāyāna, naturaleza búdica o la posibilidad fundamental de realizar el despertar; aquello que debe eliminarse no es esa naturaleza, sino los oscurecimientos que impiden reconocerla plenamente.»

Mucho más difícil de objetar.


10. Bardo, Clara Luz y cuerpo sutil: hay que etiquetarlo como budismo tibetano/Vajrayāna

Éste es otro cambio imprescindible.

El texto dice:

«El budismo plantea que al morir…»

y luego cuenta:

  • Clara Luz;
  • tres días;
  • cuerpo sutil;
  • prāṇa;
  • bardo;
  • posibilidad de volar;
  • hasta 49 días;
  • etc.

Eso no es simplemente “lo que dice el budismo”.

Corresponde específicamente a presentaciones tibetanas y tántricas sobre muerte, estado intermedio y renacimiento.

Fuentes tibetanas efectivamente describen la Clara Luz de la muerte, la formación del cuerpo de bardo mediante mente y prāṇa, poderes asociados al cuerpo intermedio y una duración máxima tradicional de 49 días. 

También existe en la tradición del Bardo Thödol la afirmación de que en el bardo la mente puede volverse «nueve veces» más clara; por tanto no te la inventaste. Pero debe presentarse como una afirmación tradicional concreta, no como un hecho comprobado ni como doctrina común a todo el budismo. 

En cambio, yo quitaría o verificaría mucho mejor:

«te desmayas y duermes tres días».

Algunas fuentes tibetanas hablan de que la conciencia puede permanecer en el proceso de Clara Luz hasta varios días después de cesar la respiración, pero eso no equivale a establecer una regla universal de «desmayo y sueño de tres días». 


11. Y ahora regreso a Dios, porque aquí aparece una idea extraordinariamente interesante

Tu texto empieza hablando de Dios y acaba preguntando qué somos nosotros.

Creo que ése debería ser deliberadamente el viaje del artículo:

Primera pregunta

¿Qué es Dios?

Segunda

¿Qué es el ser humano?

Tercera

¿En qué se parecen?

Cuarta

¿En qué se diferencian?

Quinta

¿Quién creó la imagen de quién?

Porque aquí aparece una paradoja fascinante:

El ser humano imagina un ser que carece precisamente de todas sus limitaciones.

Nosotros somos:

mortales, limitados, dependientes, vulnerables, ignorantes.

Dios es conceptualizado como:

eterno, ilimitado, independiente, invulnerable, omnisciente.

Entonces surge legítimamente la sospecha de Feuerbach:

¿estamos describiendo una realidad trascendente o proyectando hacia el infinito nuestros propios anhelos?

Pero inmediatamente debe aparecer la réplica:

¿y por qué nuestros deseos de eternidad o perfección demostrarían que aquello que deseamos no existe?

Y ya tenemos el debate.


La tesis diamante que yo veo

No intentaría demostrar todavía:

«el hombre creó a Dios».

Es demasiado.

Intentaría demostrar algo mucho más interesante:

«Incluso suponiendo que Dios exista y haya creado al ser humano, los seres humanos necesariamente construimos conceptos, imágenes y relatos acerca de Dios. La gran cuestión es determinar cuánto de esas representaciones corresponde a una realidad trascendente y cuánto constituye una proyección de nuestros propios deseos, temores y limitaciones.»

Y desde ahí:

Quizá Dios haya creado al ser humano.
Pero de algo podemos estar mucho más seguros:
el ser humano ha creado innumerables imágenes de Dios.
La pregunta es si alguna de ellas corresponde al original.

Esa última frase, para mí, es el corazón del artículo.

Y además enlaza perfectamente con tu primer trabajo sobre Dios: primero preguntamos qué entendemos por Dios; después si Dios puede relacionarse con nosotros; y ahora aparece una pregunta epistemológica todavía anterior: ¿cómo sabemos que aquello que llamamos “Dios” es Dios y no nuestra representación de Dios?

Ahí ya empieza a tomar forma algo bastante mayor que dos artículos aislados: un modelo de Dios en tres niveles —realidad, concepto y relación—, que permitiría ordenar muchas de las discusiones posteriores sin revolver ontología, psicología, religión y experiencia espiritual.

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