En el budismo muchas veces se confunde el mérito con el karma positivo. Incluso se dice que cuando haces algo positivo obtienes mérito, es decir que cuando te portas bien, obtienes mérito. No porque alguien te lo de -un ser divino o un ser superior, como si fuese un premio o un reconocimiento a tu acción positiva o meritoria (valga la redundancia). Eso no es así, por eso se habla de la Ley Universal de la Retribución Moral de las Acciones, la cual opera sin que nadie la administre y también opera con o sin nuestro conocimiento o aceptación.
Pero son o no lo mismo karma positivo y mérito.
Vayamos despacio.
I.
Primero es bueno decir qué es el karma:
Karma es toda acción intencional.
Karma = Intención + acción
Es decir que si haces una acción sin intención no hay karma completo. Por ejemplo, mataste al pisar sin querer una hormiga. Tu no tenías intención de matarla, ni siquiera la viste, ni siquiera sabías que estaba ahí. Pero la mataste con tu acción. Pero no hubo la intención de matar. Por lo tanto el karma no se completa.
De la misma manera. Tu puedes tener la intención de matar a alguien, pero no llevas a cabo la acción. Ahí tampoco se acompleta el karma.
Para que se complete el karma se requiere cinco cosas:
i. una persona (nosotros)
ii. un objeto o sujeto (una cosa u otro ser).
iii. una acción
iv. un resultado y el regodearte de eso que hiciste
v. pero lo más importante: una intención
II
Lo segundo que hay que decir es que hay tres tipos de karma:
1. karma negativo.
2. karma neutro.
3. karma positivo.
El karma negativo es cuando realizamos una acción que causa daño, sufrimiento, dolor, etc. a otro ser, sea humano, animal o de otra dimensión. Es decir, hago una acción que perjudica a otro ser, el cual puede ser un ser noble (liberado o iluminado, es decir realizado, un ser despierto) o a un ser ordinario (todos los seres, con mente, somos en esencia Budas, pero cada quien estamos en un nivel de realización distinto, es decir, unos han reconocido ya su verdadera naturaleza, en tanto otros aún no la hemos reconocido. Los que no la hemos reconocido somos seres ordinarios).
El karma neutro es cuando hacemos una acción que ni perjudica ni beneficia a otros seres. Por ejemplo, cuando bostezas o cuando estiras los brazos, o cuando caminas. No estás beneficiando ni perjudicando a ningún ser.
El karma positivo es cuando haces una acción que beneficia a otro ser, ya sea porque lo ayudaste, lo protegiste, le diste algo que necesitaba. También cuando evitas dañar a otro.
Son acciones meritorias, positivas. Es decir acciones que generan mérito.
III
Pero cuidado, el que una acción positiva, una acción que genera karma positivo genere mérito, no significa que karma y mérito sean lo mismo. El karma positivo genera mérito y por lo tanto se piensa equivocadamente que son sinónimo y eso lleva al engaño o la confusión.
El problema es que no todas las acciones positivas generan el mismo mérito. ¡Ahí está la clave!
El mérito depende de la intención con que se realiza la acción.
Dos personas pueden llevar a cabo la misma acción. Pero una genera más mérito que la otra. ¿Por qué? Ahí está el secreto. La diferencia es la intención que tuvo cada persona en realizar esa acción.
Ya habíamos dicho que el karma es igual a intención más acción. Y el mérito depende de la intención con que se lleva a cabo esa acción.
Vamos a poner el ejemplo que dos jóvenes ayudan a cruzar la calle a una viejita. Es la misma acción positiva y uno pensaría que deberían obtener el mismo mérito… ¡Pero no es así! Puede resultar que por la misma acción el joven A recibió sólo x mérito en tanto que el jóven B recibió 2x mérito o 3x mérito o 4x mérito o Nx mérito, donde “N” es un número finito o incluso infinito, por ejemplo ∞x de mérito… (utilizamos x, 2x, etc. únicamente como metáforas para mostrar que la amplitud de la motivación o intención es lo que determina cuánto mérito se genera).
¿Por qué es eso? Porque no todas las intenciones son iguales o valen lo mismo.
IV
Vamos a diferenciar las intenciones desde el punto de vista budista. Es un tema muy complejo, pero vamos a simplificarlo. Voy a poner algunas intenciones básicas:
i. una persona lo único que quiere es mejorar su actual vida humana.
ii. una persona lo que quiere es obtener un mejor renacimiento, ya sea como humano o como Deva.
iii. una persona quiere obtener una Preciada Vida Humana, ya que implica tener las causas y condiciones para estudiar y practicar el Dharma.
iv. una persona quiere liberarse del Samsara, de ya no volver a tener un renacimiento, es decir que ha renunciado ya al mundo, a la vida mundana y quiere alcanzar la liberación o el estado de Arhat o el Nirvana.
v. una persona quiere ir más allá y alcanzar la Iluminación, el Despertar completo o el Estado de un Buda, con una mente omnisciente.
vi. una persona aunque ya tiene todo para ser un Buda decide posponer alcanzar la Iluminación para poder seguir ayudando a liberar a todos los seres, es decir es un Bodisattva que está practicando la Bodhichitta más elevada.
¿Te das cuenta que no todas las intenciones son iguales? De la misma manera el mérito que produce cada acción positiva o meritoria no genera el mismo mérito.
Si esos dos jóvenes de los que hablamos en el ejemplo, los que ayudaron a cruzar la calle a una viejita, el joven A lo hizo simplemente por ayudar a la viejita, sin pensar en nada más, sin enfatizar la intención, simplemente por compasión, eso sin duda genera un gran mérito… pero es un mérito que vamos a calcular como x.
Pero si el joven B, también lo hizo por compasión y por ayudar a la viejita, pero al mismo tiempo pensó o generó la motivación o intención: voy a ayudar a cruzar la calle a esa viejita con el objetivo de mejorar mi actual vida humana. Ese joven digamos que logra 2x de mérito. El doble de mérito que el otro (los cálculos matemáticos no son exactos, simplemente los estamos diciendo como un ejemplo).
Pero si el joven B, hace exactamente la misma acción pero ahora con la intención de alcanzar la liberación del Samsara, entonces ese joven logrará 3x de mérito (nuevamente los valores matemáticos no son exactos).
Pero si el joven B, hace la misma acción pero ahora con la intención de alcanzar la Iluminación para el beneficio de todos los seres (la mente de la bodichita), entonces quizá su mérito sea incalculable o infinito ∞x.
¿Te das cuenta de lo que sucede?
Para el joven A el karma positivo y el mérito puede parecer que son exactamente lo mismo y así lo dicen muchos libros y muchos maestros que no conocen la enseñanza clave sobre el mérito. En ese caso parece que:
karma positivo = mérito
Pero para el joven B el mérito es exponencial en función de su intención.
Cabe insistir que no son exactamente lo mismo:
karma positivo: la acción intencional constructiva.
mérito: la potencia favorable generada por esa acción.
resultado kármico: la maduración posterior de las consecuencias de esa acción, el potencial kármico. Pero también hay un mérito potencial que depende de la intención con que se llevó a cabo la acción.
IV
Enseñanza Clave de los Gurus
Vamos a dejar que lo explique mejor un gran Guru, Pabonka Rinpoché en un famoso texto de lam rim: La liberación en la Palma de la Mano:
«Nuestra motivación establece una gran diferencia respecto al tipo de resultados kármicos que recibiremos y a la fuerza de esos resultados. Supongamos que un grupo de cuatro personas están recitando conjuntamente un rosario de oraciones a Tara. La motivación de una de ellas es la bodichita, la renuncia es la motivación de otra, la tercera persona anhela un renacimiento mejor, y la última aspira únicamente a los intereses de esta vida: larga vida, buena salud… A pesar de que los cuatro individuos recitan la misma cantidad de oraciones, hay una gran diferencia respecto al tipo de resultados kármicos que obtendrán. La recitación de la primera persona está unida al desarrollo de la bodichita, por lo cual su recitación actuará como causa de Iluminación; es también la acción de un hijo de los victoriosos y un dharma mahayana, lo cual no es aplicable a los otros tres casos.
La recitación de la segunda persona es realizada conjuntamente con la renuncia. En consecuencia actuará como causa de liberación y será un antídoto contra el samsara. Es un dharma del nivel medio de desarrollo espiritual. La recitación de los dos restantes no contribuirá siquiera a su liberación: las recitaciones corresponderían sólo a la verdad del origen del sufrimiento.
La recitación del tercero no contribuye ni a la omnisciencia ni a la liberación. Es tan sólo un medio para evitar renacer en los reinos inferiores. Es un dharma del nivel de desarrollo espiritual inferior.
La recitación del cuarto pertenece exclusivamente a esta vida, por lo cual ni siquiera es dharma, y será difícil que tenga algún efecto en su vida. Como dijo Atisha:
“Pregúntame cuáles son los resultados de pensar únicamente en esta vida y te diré: son sólo los resultados de esta vida. Pregúntame qué ocurrirá en tus próximas vidas y te diré: estarás en los infiernos o serás un espíritu ávido o un animal”.
Así pues, cuando los que estamos ordenados asistimos a ceremonias o a prácticas de debate, debemos hacerlo con la motivación de la bodichita. Si lo hacemos así, hasta nuestros propios pasos serán actos de un hijo de los victoriosos. Así, cada uno de nuestros pasos será más valioso que cien mil monedas de oro. Pero si ofrecemos una donación de té, sopa o cualquier otra cosa con el propósito de congraciarnos con la jerarquía monástica, la donación será tan sólo digna de la descripción de Atisha.
La motivación del meditador determina también el valor de la meditación. Atisha dijo que la meditación verdaderamente valiosa es la meditación en el gurú. Si meditas movido por el deseo de recibir té, piezas de seda, etc., todas tus meditaciones estarán contaminadas. Si meditas con el más mínimo pensamiento de poner fin al océano de renacimientos, el mérito que recibirás sobrepasará los propios límites del espacio.
Así pues, si no adoptas la motivación correcta para una práctica virtuosa -sea ésta larga o corta- tu práctica carecerá de valor. Tales prácticas incluyen el estudio, la contemplación, la meditación, hacer donaciones, ser generoso, etc. Por lo tanto, debes tomar en serio la adopción de la motivación correcta desde el principio. Además, puesto que éste es un dharma mahayana, no es suficiente con adoptar intenciones virtuosas, debes realizar tus prácticas en conjunción con un tipo de estado mental virtuoso muy especial: la bodichita.
Si tu bodichita es espontánea, se desarrollará en forma natural y no tendrá que hacer nada. Pero si tu bodichita es del tipo forzado debes activarla conscientemente. La mente no cambiará su rumbo cuando, sin más preparación, recitas simplemente: “En beneficio de todos los seres…”. En su lugar debes comenzar con algo así como: “He obtenido el renacimiento humano perfecto…” y concluir con: “… debo lograr la Iluminación completa para beneficio de todos los seres. Por ello voy a meditar sobre esta enseñanza acerca de los estadios del camino a la Iluminación”. Hablé de esto hace unos días. En otras palabras, debes generar tu bodichita desarrollando una meditación que abarque desde la sección sobre la dificultad de obtener un renacimiento humano perfecto hasta la del desarrollo de la bodichita. Entonces tu mente estará transformada.
Los santos del pasado dieron diversas enseñanzas -unas breves y otras más detalladas- sobre el modo de establecer la motivación. Algunas de ellas afirman que si no somos capaces de efectuar cierta transformación mental a través de algún proceso del pensamiento, bastará con establecer la motivación mediante ciertas recitaciones. Pero es nuestra mente la que establece la motivación y no la boca. Así pues, uno debe transformar su propia mente sumergiéndola en el significado de lo que está recitando.»
Kyabye Pabongka Rimpoché
La Liberación en la Palma de tu Mano. Lam Rim
En conclusión: Karma positivo y mérito no son exactamente lo mismo. El karma positivo es una acción intencional constructiva; el mérito es el potencial favorable que esa acción genera.
Una acción positiva puede producir simplemente:
– una vida más favorable;
– bienestar;
– salud;
– recursos;
– reconocimiento;
– un renacimiento superior.
Pero, cuando esa acción se realiza con bodhicitta, comprensión y dedicación, el mérito se orienta hacia:
– la liberación;
– el despertar;
– la capacidad de beneficiar a todos los seres.
Por eso, al terminar una práctica, se dedica el mérito:
“Que este mérito sea causa del despertar de todos los seres”.
—
Cuentan la historia de Dromtonpa, que fue el principal discípulo de Atisha, que un día vio a un monje circunvalando una stupa. Y entonces se le acercó y le dijo: “Es bueno que circunvales una stupa pero ¿No sería mejor que practicaras el Dharma?. El monje se sintió confrontado. Y se preguntó qué hacer para practicar el Dharma y entonces se puso a recitar mantras… Tiempo después se lo volvió a encontrar Dromtonpa y le volvió a decir: “Es bueno que recites mantras ¿pero no sería mejor que practicaras el Dharma”. El monje se sintió muy confundido, entonces decidió que lo mejor era meditar. Dromtompa se lo volvió a encontrar tiempo después y le volvió a decir: “Es bueno que medites, pero ¿no sería mejor que practicaras el Dharma”… El monje estaba muy confundido ya que según el budismo sólo tenemos “tres puertas”: el cuerpo, la palabra y la mente. Y él circunvalaba con el cuerpo, recitaba mantras con la palabra y meditaba con la mente. ¿Qué más podría hacer si ya había agotado sus tres puertas? Entonces el monje ya no pudo resistirse y le preguntó: ¿cómo puedo practicar el Dharma?”….
E
Dromtompa le dijo: “tienes la mitad de la historia, esas actividades que desarrollas con tu cuerpo,
con tu voz, con tu mente, si son prácticas espirituales, prácticas del dharma, pero no son
completas, porque el elemento vital es nuestra motivación. Entonces la práctica del Dharma
es desarrollar una actividad noble libre de los ocho intereses mundanos”.
Los ocho intereses mundanos son la búsqueda de fama, alabanza, prestigio, placer, ganancias y demás. Es decir algo inmediato y concreto que le sirva al ego.
Esta profunda reflexión de Dromtonpa, el principal discípulo de Atisha y fundador de la tradición Kadampa, subyace en que el valor de cualquier acción espiritual (con el cuerpo, la palabra o la mente) no depende de su forma externa, sino de la intención interna.
