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La parábola del Hijo Pródigo y las elecciones de Colombia


Las elecciones presidenciales de Colombia se encuentran en su etapa final. Tras la primera vuelta del 31 de mayo, los dos candidatos que se disputan la presidencia en el balotaje del 21 de junio son Abelardo de la Espriella (derecha/outsider) e Iván Cepeda (izquierda/Pacto Histórico)


Por Manuel Gameros

La parábola del Hijo Pródigo (Lucas 15:11-32) ofrece una de las enseñanzas más conmovedoras de la Biblia y, sin embargo, puede resultar deprimente como metáfora en el contexto del proceso electoral que vive Colombia. ¿Cómo funciona la parábola entre los candidatos a segunda vuelta en el 2026?… ¿Quién sería el “hijo pródigo”?

En estos tiempos de populismo, el “hijo” podría ser aquel que, afligido y contrito, busca atender las demandas y necesidades del pueblo. No importa lo que haya hecho antes, lo trascendente es lo que quiere hacer ahora, dado su compromiso con el pueblo elector. La mercadotecnia Abelardista apunta en esa dirección.

Cepeda no es el “hijo pródigo”; es, más bien, el hermano mayor que tiene experiencia de gobierno y ha luchado mucho tiempo por las víctimas y diversas causas sociales, pero que probablemente no sería electo simplemente por “portarse bien” y ser políticamente correcto. En esta narrativa populista se privilegia la conversión y el arrepentimiento. De la Espriella, paradójicamente, fue ateo y estuvo fuera de Colombia mucho tiempo, pero se convierte y regresa al país, donde aparece, incluso,, llorando ante el “Señor de los Milagros” en Buga.

Discurso popular. El enfoque populista del Abelardismo apela directamente al “pueblo” y se contrapone a la “élite gubernamental corrupta” que encabeza Petro. De la Espriella se presenta como una persona externa al sistema establecido (“outsider”) que no está contaminado por vicios políticos y que puede desplegar la auténtica voz del pueblo (con música, efectos de luces y una gran producción). Utiliza un discurso simplista y entretenido, con un lenguaje directo y accesible; apelando a emociones y resentimientos populares –el “tigre pródigo” regresa, firme por la patria, a salvar al pueblo, con un fuerte gasto publicitario, fiestas, abrazos y alegría.

Cepeda promueve la redistribución de la riqueza, busca mejorar el bienestar social y generar políticas que favorezcan a los sectores más vulnerables; también se presenta como portavoz del pueblo, pero su discurso es francamente aburrido. Cepeda apela a la razón y plantea soluciones sustentables para la diversidad de problemáticas que viven los colombianos, pero su elaborada retórica, fundamentada en argumentos y cifras, se ahoga en textos de cientos de páginas, que no permean a toda la población. En contraste con De la Espriella, Cepeda no es tan carismático, pero tiene mayor profundidad conceptual.

Conflicto con las instituciones. Ambos candidatos podrían entran en conflicto con las instituciones existentes. De la Espriella no tiene base en el Congreso, no está acostumbrado a rendir cuentas ni a respetar a sus opositores. Dado que es un “outsider”, no es fácil ponderar cómo llevaría las relaciones del Ejecutivo con otros mecanismos de control y equilibrio de poder. Situación que se radicaliza ante su declarada posición de reducir drásticamente el tamaño del aparato gubernamental –con el reciente caso argentino en mente.

Sobre Cepeda pesa la sombra de Petro y sus enfrentamientos continuos con diversas instancias, desde Registraduría hasta Banco de la República. La templanza de Cepeda puede conducir a un camino distinto al de Petro, pero queda pendiente el tema de posibles modificaciones a la Constitución, que ha generado inquietud en torno al alcance que se busca y su impacto sobre la autonomía de las instituciones y el respeto al libre mercado.

Seguridad y paz. De la Espriella ofrece una versión de la realidad, donde desafíos complejos, como el proceso de pacificación en Colombia, son reducidos a esquemas simplistas y autoritarios –lucha armada frontal, hasta el exterminio de todos los delincuentes- sin considerar derechos humanos y opciones de reintegración social.

Cepeda, por su parte, insiste en mantener mecanismos de negociación y diálogo con todos los grupos–muchos de ellos exguerrilleros. Sin embargo, ésta es una postura que se ha ido desgastando en el entorno colombiano y que es vista, por mucha gente, como una opción débil que permite la continuidad de la criminalidad y los actos de violencia. Las negociaciones incluso se ven como ineficiencia del gobierno y falta de voluntad para combatir a los delincuentes; lo que deriva en impunidad.

Aquí, sin embargo, se invierte la lógica de la parábola, ya que De la Espriella no perdona; se enfoca en humillar y destruir, en lugar de buscar la reconciliación (castigo inmisericorde, más que aceptar al posible arrepentido) mientras que Cepeda aspira a dar otra oportunidad al que se salió del camino y, como el padre en la historia, busca su reintegración plena –aunque no está claro que quieran regresar.

La parábola enseña que cada ser humano es importante y digno de ser buscado y amado, pero en el contexto actual de Colombia, parece una tarea que requiere mucho amor, tal vez demasiado amor.

Polarización y Conflicto Social. En el populismo se tiende a polarizar a la sociedad, dividiendo a las personas en “nosotros” (el pueblo) y “ellos” (las élites, extranjeros, minorías, etc.), lo que puede aumentar la tensión social y debilitar la cohesión social. ¿Cuál es el riesgo de que esta polarización derive un ambiente político tóxico que erosione del diálogo democrático o produzca conflictos mayores?

De la Espriella tiene un estilo confrontativo, donde ataca a sus críticos y descalifica a sus oponentes como enemigos del pueblo. Cepeda no es tan beligerante, pero sus posturas también implican oposición a la élite política y económica –lo que eventualmente genera incertidumbre para los mercados.

De la Espriella asegura que tiene la “garra” para “salvar” a la nación y, en términos de democracia electoral ha producido una buena campaña, basada en su intensidad y elocuencia, que quizás lo coloca como un candidato más atrayente que Cepeda. En su derroche publicitario, De la Espriella ha contribuido a la polarización por su discurso de odio contra todos aquellos que no están de acuerdo con su visión (amenaza explícita de “destripar” a la izquierda), o su discriminación contra los que no se ajustan a modelos tradicionales (no adopción para parejas del mismo sexo).

Cepeda también ha criticado a casiques y miembros de los bastiones oligárquicos, así como a personas involuradas en actos de corrupción pero, en general, presenta un discurso más incluyente que incorpora un amplio espectro de gente diversa e incluye los derechos de la comunidad LGBTIQ+, las minorías étnicas y el pluralismo cultural.

La reflexión más profunda que emana de la parábola es que siempre hay esperanza y posibilidad de reconciliación; Cepeda pareciera más próximo a esta enseñanza y, tal vez no agitar más el fuego de la polarización y la posibilidad de un estallido social. 

Todo ejercicio democrático implica cambios, pero, en esta ocasión, pareciera que la llegada del hijo (nuevo presidente), fuera a alterar la esencia y estructura de toda la familia (sociedad colombiana). En este sentido, tal vez sea deprimente que la apuesta electoral –como está ocurriendo en muchas partes– se centre en el candidato más llamativo o provocador y no en quién sería mejor presidente.

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