Cuento: “EL JUEGO DEL ESPEJO DEL ESPÍRITU”
25 de marzo de 2025 por SEPPI grupo
¿Con cuál de los 9 personajes te identificas? ¿Cuál de ellos eres tú? ¿O será que tú has sido cada uno de esos personajes a lo largo de tus infinitas vidas y cada personaje muestra tu evolución espiritual? Quizá cada personaje sea un reflejo de tu propio espejo de la evolución de tu ser.
Por Yuri Serbolov
Este conocimiento puede cambiar tu vida:
Te lo voy a compartir a través de 9 historias de personas imaginarias, con los cuales te puedes identificar o puedes odiar. Es importantísimo que vayas leyendo las historias en el orden que aquí se presentan.
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Cuento: “EL JUEGO DEL ESPEJO DEL ESPÍRITU”
25 de marzo de 2025 por SEPPI grupo
¿Con cuál de los 9 personajes te identificas? ¿Cuál de ellos eres tú? ¿O será que tú has sido cada uno de esos personajes a lo largo de tus infinitas vidas y cada personaje muestra tu evolución espiritual? Quizá cada personaje sea un reflejo de tu propio espejo de la evolución de tu ser.
Por Yuri Serbolov
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Capítulo 1. Los cinco primeros personajes
1. Vaisheshika Naiyayika
Este es nuestro primer personaje. De cariño le decían Vaisha.
Vaisha nació en la India Antigua, hace más de tres mil años.
i. Vaisha es teísta, cree en Brahma, el cual es un Dios pero que no tiene forma (es decir, no es un señor con barba), sino que es una energía permanente e intangible, poderosa y superior. Es el espíritu cósmico que se proyecta.
Su mamá, una señora un tanto escéptica, le cuestionó:
– ¿Cómo es posible que Brahma, que según tus creencias es permanente, haya podido crear un mundo, como el que vivimos, en donde todo es impermanente, pues todo cambia instante a instante, minuto a minuto, momento a momento?
Vaisha, que era muy inteligente y astuto, le respondió rápidamente:
– No es fácil entender a Brahma, porque de hecho la mente humana no puede concebirlo. Es cierto, como dices, que como Brahma es permanente no puede crear un mundo impermanente. Pero Brahma, que es omnipotente, tuvo un truco genial: creó a Ishvara, que es impermanente y que por lo tanto pudo crear un mundo impermanente.
– ¡Suena genial! – dijo la madre – ¡Cuéntame más de Ishvara!
– Ishvara, como es impermanente, sí puede ser percibido o sentido por la mente humana (Sigmund Freud, el inventor del psicoanálisis, miles de años después dijo que había personas con “sentimiento oceánico” que podían sentir o percibir a Dios).
– ¿Qué tiene que ver Ishvara con nosotros?, preguntó curiosa la madre.
– Ishvara crea la maya, la ilusión, el mundo ilusorio en el cual vivimos y que mucha gente lo cree como si fuese de verdad, sólido, real, existente por sí mismo… Pero como Ishvara lo crea, es inmune a su creación y a la ilusión. La maya tiene el poder de hacer que una sola cosa aparente ser muchas cosas o distintas formas; de ahí surge la creatividad, la imaginación, la multiplicidad y diversidad de plantas, bosques, animales, rocas, valles, montañas, planetas, estrellas, etc., que observamos en nuestro mundo. Pero todo es distintas manifestaciones de esa energía universal que se llama Brahma.
– ¿Somos sólo un sueño de Ishvara?
– Algo así: Ishvara creó la maya, la ilusión, y nosotros somos parte de esa ilusión (ahora dirían que es como la Matrix, la película de fantasía de 1999 dirigida por Lana y Lilly Wachowski, con Keanu Reeves como actor principal, en la cual un experto en computadoras descubre que su mundo es una simulación total creada con maliciosas intenciones por parte de la ciberinteligencia).
– ¿Brahma es unidad e Ishvara la diversidad?
– Efectivamente, mamá. Eres muy inteligente y lo has descubierto por ti misma.
– ¿Entonces somos sólo un sueño o una ilusión de Ishvara y por lo tanto somos como sus títeres o juguetes o personajes de su sueño?
– No exactamente, porque Ishvara creó el karma y los seres humanos tenemos cierta libertad, pero nuestras acciones se rigen por la ley de la causa y el efecto; es decir, tenemos libre albedrío dentro de ciertas causas y condiciones.
– Eso ya no me checa – dijo la mamá pensativa – ¿Por qué Brahma tuvo que crear a Ishvara para que éste nos creara a nosotros? Y lo más importante: ¿por qué si existe Dios tiene que existir el karma? Eso es una contradicción, porque si existe el karma no se necesita a Dios y si existe Dios no se necesita el karma.
– ¡Mmmm! No había pensado en eso – contestó Vaisha.
– La otra cosa que no me checa de tu teoría es por qué, si existe Dios, llámese Brahma o Ishvara, ¿por qué permite que los seres humanos sufran? Si son todopoderosos, al grado de que ellos crearon el mundo o la maya o la ilusión, como ustedes le llaman, ¿por qué o para qué crearon un mundo de sufrimiento? Si Dios es altruista no permitiría que los seres sufran de hambre, de enfermedad, de soledad o depresión, o por las guerras o represiones políticas. Si permite el sufrimiento sería un Dios muy cruel, lo cual significa que tiene deseos, preferencias y aversiones, lo cual lo descalifica para ser Dios. En cambio, si es altruista y bondadoso y no quiere que nadie sufra, y se entristece por nuestro sufrimiento, entonces es igual a cualquier humano, impotente, y entonces igual queda descalificado como Dios.
– ¡Wow, mamá! Son cuestionamientos muy fuertes, que me dejan muy pensativo.
2. Samkya
Samkya era la mamá de Vaisha, una mujer muy escéptica, no teísta y por lo tanto no creía en un Dios, en un dios creador o salvador o un señor con barbas. Sin embargo, ella creía en un principio universal, el cual no necesita crear nada. Cuando se lo explicó a su hijo, éste le refutó:
– ¿Entonces, cómo surgimos, si Dios no nos creó?
– Es algo mucho más difícil de explicar y entender. Es más sencillo inventar un Dios que nos crea.
– ¿Tú me quieres decir que Dios no nos creó, sino que nosotros creamos o inventamos a Dios?
– Sí, efectivamente: nos inventamos a un Dios a nuestra imagen y semejanza, dándole a ese Dios todas las cualidades o características que nosotros no tenemos. Por ejemplo, nosotros somos impermanentes e hicimos a un Dios permanente, eterno. Nosotros somos impotentes y creamos un Dios omnipotente, todopoderoso, que todo lo puede. Nosotros estamos constreñidos a un tiempo y un espacio e hicimos un Dios infinito y omniabarcante, con el don de la ubicuidad que puede estar en todo tiempo y lugar… Ese fue un truco muy infantil: creamos un Dios consolador de todas nuestras limitaciones e impotencias, es decir, inventamos un personaje que reúne todas nuestras aspiraciones y sueños. Todo lo que no somos o no podemos tener se lo pusimos a él, para sentir consuelo.
– Me estás confundiendo. Pero déjame entender en lo que tú crees. Si para ti no existe un Dios y por lo tanto éste no creó el mundo, entonces ¿quién nos creó?
– Como ya te dije, Dios no nos creó. Sólo hay dos cosas verdaderas: el principio universal o la materia que compone todo el universo (Prakriti) y la persona o el alma (a la cual en la India Antigua le llamaban Purusha). Eso es todo lo que existe: Prakriti y Purusha.
– Y Dios no aparece por ningún lado.
– Efectivamente.
– ¿Entonces cómo surgimos?
– Prakriti es una energía, una materia, una sustancia, un principio (algo así como la energía que estaba antes del big bang del que hablan ahora los científicos). Ese principio nunca fue creado, sino siempre ha estado y estará ahí. Es decir, no tiene principio ni fin. Al igual que Purusha.
– ¿Purusha somos nosotros?
– Sí: nuestra alma, nuestra conciencia universal, que tampoco tiene nacimiento ni muerte.
– ¿Cómo empezó todo?
– Lo que pasa es que tú estás acostumbrado a que siempre haya un principio y un final. Un nacimiento y una muerte. Por eso te es difícil entender y aceptar el concepto de Prakriti y Purusha, porque para ti es más fácil creer en un Dios que crea todo y ahí empieza la película. Pero incluso tu Dios es algo así como Prakriti, porque igual que él no tiene ni principio ni final. La diferencia es que tú creas un Dios “a tu imagen y semejanza”, un Dios humanizado, en tanto que Prakriti no tiene forma, no es un ser, un individuo, un personaje y mucho menos un señor de barba…
– Ciertamente me cuesta mucho trabajo entender a tu Prakriti o tu sustancia o energía o principio universal, lo veo muy indefinido…
– Ciertamente no tiene forma, al igual que tu Brahma. La única diferencia es que tú crees que es un ser, y yo no creo que lo sea.
– ¿Y entonces no creó nada, no nos creó a nosotros?
– Efectivamente: nosotros, o más bien nuestra alma, ya existía junto con Prakriti, pues Prakriti y Purusha han existido por siempre, no tienen principio ni final.
– Está más confusa tu creencia que la mía.
– Quizá, pero la tuya es más infantil.
– A ver, explícame paso a paso cómo es entonces que yo nací.
– El principio cósmico, Prakriti, estaba en perfecto equilibrio. Pero entonces se encuentra con Purusha, tu alma o conciencia universal eterna, que nunca nace ni muere, y al entrar en contacto Prakriti se desequilibra y surge entonces el individuo, surges tú.
– ¡Wow! Suena muy difícil de entender.
– El mundo está lleno de desequilibrios por la ruptura universal de la energía cósmica.
– Barájame lo más despacio, porque me estás confundiendo.
– Es muy sencillo: hay tres gunas de las que surge todo: sattva, rajas y tamas. Sattva es la creación, raja es la preservación y tamas es la destrucción.
– Cada vez estoy más hecho bolas.
– Porque tu mente es muy simple. Pero si te das cuenta, todo en este mundo surge, tiene un principio, el cual es sattva. Luego eso que fue creado dura un tiempo, permanece, lo cual es raja, y finalmente llega a su fin, muere, se destruye, lo cual es tamas. Todo lo que existe está sujeto a esos tres principios: sattva, raja, tamas, los cuales los puedes encontrar en los alimentos, en los colores, en la ropa, en la música, en las películas, en los libros, en los seres humanos, en el matrimonio y en las diversiones.
– ¿Y de dónde salieron esos tres principios?
– Ya te lo dije: del principio universal.
– ¿Y de dónde surgí yo?
– Ya te lo dije. Cuando tu alma o conciencia universal, Purusha, entró en contacto con Prakriti, el principio universal, se desequilibraron y de ahí surgieron las tres gunas o cualidades, y ahí surgió la sensación del yo o del ego: ahí fue donde tú surgiste. Tú crees que existes. Tu mente confundida te hace pensar que existes de verdad; así tu mente crea la materia sutil, la cual crea una materia más burda, y así se crean los objetos de los sentidos y surge toda la ilusión de la existencia.
– Sigo sin entender nada.
– En el principio universal están todos los fenómenos, pero no se manifiestan. Como te expliqué, cuando Prakriti y Purusha entran en contacto, se desequilibran y entonces surge el individuo, la sensación de yo o ego, el cual está incentivado por el intelecto, es decir, creer que existe de verdad. Se crea una mente sutil que crea una mente más burda. Apenas surge un sujeto, también surge un objeto.
– Está más sencillo mi cuento.
– Sí, pero como te dije, es más infantil.
– Y el tuyo muchísimo más complicado… Pero, ya que estamos en tu cuento, explícame qué pasa al final, cómo se resuelve tu cuento.
– Es muy sencillo. En el momento en que dejas de identificar tu yo con el cuerpo como siendo una misma cosa, ignorando que el cuerpo es una manifestación del principio universal Prakriti y que tu alma o conciencia universal, Purusha, en ese momento, gracias a las instrucciones de un maestro calificado y a través de la meditación o de la concentración, se separa el yo del principio universal, eliminándose así todas las apariencias convencionales falsas que surgieron de ese desequilibrio y al separarse Prakriti y Purusha se restablece el equilibrio. De esa manera, el yo, libre de acción y de objeto, alcanza la liberación.
– Pues sigo sin entender nada jajaja
– Ok, vayamos con tu tío el brahmán, que como sacerdote él puede decirnos quién tiene la razón. Contémosle todo lo que hemos platicado y veamos qué nos dice.
3. El brahmán Mimansaka
Vaisha y su mamá Samkya fueron con su tío el brahmán Mimansaka y le contaron toda su plática. Él los escuchó con paciencia y cuando hubieron terminado, les recriminó:
– Ambos están totalmente confundidos y equivocados. No se puede confiar en los seres humanos ni en su mente, que está totalmente hecha bolas y se inventan cuentos infantiles o cosas muy complicadas. La mente humana es imperfecta y no tiene remedio, por eso es que no van a encontrar nunca la solución. Hicieron bien en venir a verme, porque no se puede confiar en los hombres ni en las mujeres, es decir, en los seres humanos. En lo único que se puede confiar es en los Vedas, que son las escrituras sagradas que vienen directamente de los Devas o Dioses. Si tratamos de arreglar nuestra mente lo vamos a empeorar todo, porque toda obra del hombre es de desconfiar debido a la impureza de su mente.
– Pero tío… – trató de reaccionar Vaisha.
– Nada, sobrino. No hay nada que discutir. Lo único que tienes que hacer es conocer los Vedas.
– Ok. Los voy a leer.
– No, sobrino. No los puedes leer. Los únicos que podemos leer e interpretar los Vedas somos los brahmanes, que somos los representantes de los Devas aquí en la Tierra. Así que cuando quieras vienes y yo te los explico.
– Pero en cuanto a mis creencias y las de mi mamá…
– Olvídense de sus creencias. Lo único que tienen que hacer es seguir al pie de la letra las escrituras sagradas y los rituales y entonces van a alcanzar la liberación.
– ¿Cómo? – preguntó tímidamente Vaisha.
– Tienes que purificar tu karma, para que así puedas llegar al reino de los Devas.
– ¿Purificando mi karma purifico mi mente?
– No puedes purificar tu mente porque las impurezas de tu mente son parte intrínseca de la misma y no pueden ser eliminadas. Pero si purificas tu karma puedes renacer en el paraíso con los dioses.
– Pero ¿y Brahma…?
– Olvídate de Brahma y del principio universal de tu madre… Recuerda: todas las creencias o enseñanzas provenientes de las personas son falsas, ya que ninguna persona puede ser omnisciente ni estar libre de defectos. Así que no hay que confiar en los seres humanos.
– ¿En quién puedo confiar entonces? – preguntó Vaisha.
– En mí, que soy un brahmán y además tu tío. Además tú perteneces a la casta de los brahmanes, que somos los sacerdotes o los gobernantes, es decir, la casta superior, y sólo nosotros podemos tener acceso a los Vedas. Cuando quieras vienes aquí y estudiamos juntos el Bagavadgita, los Upanishad y el Mahabharat, que es el poema épico sobre los dioses y los hombres antiguos.
– ¿Las otras castas no pueden?
– Sólo a través de nosotros. Por ejemplo, están las castas de los kshatriyas o guerreros, las castas de los comerciantes y las castas de la servidumbre o la casta más baja.
– ¿Y los intocables?
– Esos ni los menciones: esos no tienen alma y tampoco tienen casta, por eso debes evitar tocarlos o que te toquen.
– ¿Y si lo hacen?
– Debes bañarte inmediatamente para eliminar toda impureza.
– ¿Y no pueden ascender?
– ¡No, ni ellos ni los animales!
– ¿Y las otras castas?
– ¡No, nadie puede subir de casta! En la casta que naciste ahí te quedas.
– ¿Y si alguien se casa con un miembro de una casta inferior, sube a esa persona?
– ¡No! Si te casas con alguien de una casta inferior, tú bajas. Como te repito: ¡nadie sube!
– ¡Wow! Suena demasiado rígido – intervino la mamá.
– Pues así es, les guste o no.
Vaisha y su mamá se despidieron de su tío y se fueron muy cabizbajos y pensativos. Meditaban en todo lo que habían escuchado, lo cual los confrontaba interna y profundamente. No sólo retaba sus creencias, sino que además significaba que les imponían todo un sistema social con el cual no se sentían para nada identificados y el cual consideraban muy rígido, totalmente inflexible, pero que por esos días era el que se había impuesto en la India, ya que controlaban el poder y la riqueza.
– ¿Qué podemos hacer ahora? – le preguntó Vaisha a su madre. Yo no quiero renunciar a mis creencias y tampoco entiendo las tuyas y tampoco quiero someterme a mi tío, pues no me acaba de convencer. Se me hace que su sistema es muy ventajoso. Ellos descalifican a todos los humanos y se dicen los representantes de los Devas en la Tierra y los únicos que tienen acceso a la verdad, y con ello tienen el pretexto perfecto para hacerse del poder y de la riqueza, en un sistema sin movilidad social. Es el cuento perfecto, pero totalmente injusto e inequitativo.
– Habla despacito, que no te vaya a oír tu tío. No nos vayamos a meter en algún problema.
– Pero yo estoy inquieto. Ahora ya tenemos tres cuentos: el mío, que dices que es infantil; el tuyo, que me parece muy confuso; y el de mi tío, que me parece inaceptable. ¿A quién puedo recurrir ahora para que me diga la verdad?
– Vamos con tu primo: él es un hombre muy espiritual, es un asceta.
– ¿Qué es un asceta?
– Es un renunciante.
– ¿Un renun… qué?
– Sí, una persona que renunció a la vida de hogar para dedicarse a la vida espiritual.
– ¿Renunció a la vida del hogar? ¿Qué es eso? ¿Cómo es eso?
– Sí, es una persona que dejó a su familia, su trabajo y sus bienes y se fue al bosque a meditar, para desarrollar su espiritualidad. También les llaman sadhus o ascetas del bosque. Es una persona que lleva un modo de vida alejado de los placeres del mundo.
– ¿Qué aburrido? ¿Dejan de vivir? ¿Se pierden lo mejor de la vida?
– Sí, pero es por elección. Muchas veces son personas que ya vivieron y de pronto la vida mundana deja de tener sentido para ellos y entonces deciden abandonarlo todo.
– No lo entiendo. Explícamelo.
– Se dice que hay cuatro tipos de personas: dharma, artha, kama y moksha.
– Tú siempre con tus explicaciones tan complicadas.
– Yo no lo inventé. Pero escucha con atención y vas a ver que es algo muy interesante.
– Ok, tendré paciencia… Pero no tengo mucha, así que explícalo lo más sencillo que puedas.
– De acuerdo. Los dharma son los que se dedican a estudiar y trabajar para producir riqueza. Son gente que sólo vive en el mundo material.
– ¿Qué, hay otro mundo?
– Sí, el mundo espiritual.
– Para mí sólo hay un mundo.
– Ok. Que sea como tú dices. Según tu Brahma creó a Ishvara e Ishvara creó al mundo, pero ahí ya tienes dos mundos: el de Brahma, que es permanente, y el de Ishvara y nosotros, que es impermanente.
– ¡Me ganaste nuevamente! Acepto que tienes la razón… Pero sígueme explicando los otros tres tipos de persona, no te desvíes.
– Ok. El segundo tipo de personas son los “artha”; son personas que buscan la riqueza, porque de esa manera pueden conseguir todos los placeres de la vida. Por ejemplo, su tío Lokayata.
– Sí, es un vividor, pero también es muy trabajador. Es justo que se dé la buena vida después de trabajar tan fuerte como lo hace.
– Ok. Ese es el primer tipo de personas. Luego tienes el tercer tipo de personas, que son los que se llaman “kama” o “placer”. Son gente que una vez que han disfrutado de todos los placeres, se sacian o se hartan, les produce hartazgo, y buscan la liberación, porque los placeres sensuales o sensoriales los dejan vacíos, insatisfechos, siempre con ganas de más, y porque de pronto perciben que la vida humana debe tener un sentido más profundo que sólo estar dándole placer al cuerpo insaciable, pues no aceptan que son simplemente un marrano cuyo único propósito en la vida sea comer, coger (tener relaciones sexuales), cagar y revolcarse en el lodo…
– ¡Mamá, no hables así!
– Perdón, hijo, pero te lo quise explicar gráficamente.
– Demasiado gráficamente. Hasta asco me dio.
– Es lo mismo que pasa con ese tercer tipo de personas: llega un momento en que se asquean de los placeres mundanos y se convierten en buscadores…
– ¿Buscadores? ¿Qué buscan?
– El despertar espiritual.
– ¿El despertar espiritual?
– Sí: lo material deja de tener sentido para ellos y ahora les atrae más lo espiritual.
– No entiendo.
– Sí, tienes dos mundos: el mundo material, el mundo externo, el mundo de los sentidos, el mundo de los placeres, el mundo del dinero, de los estudios, del trabajo, de alimentar a tu cuerpo, de ejercitarlo, de pasearlo, el mundo de las riquezas… Y el mundo interior, interno, el mundo espiritual, el entrenamiento de tu espíritu o de tu mente o de tu conciencia.
– ¿La mente no es parte del cuerpo? ¿La mente no es el cerebro?
– No, la mente es algo que no puedes ver y tocar, es algo que no tiene forma, no tiene materia o sustancia; sin embargo, aun así sigue existiendo.
– Mi tío Lokayata dice que eso es falso; que la mente está en la cabeza – dijo Vaisha apuntando con su dedo hacia su cabeza.
– Más bien los maestros espirituales hablan de que la mente no tiene un lugar físico, pero que si quisiéramos ubicarla en algún lugar estaría más cerca del corazón; por eso hablan de la mente-corazón – dijo Samkya paseando su mano por encima de la zona del corazón.
– Tú siempre con tus teorías raras.
– Acuérdate que no lo digo yo, sino lo dicen los maestros espirituales.
– ¿Maestros como mi tío Mimansaka?
– Sí.
– Pues no me gustan ese tipo de maestros.
– Bueno, no sólo tu tío, sino maestros de otras tradiciones espirituales también lo dicen.
– Ok, pero háblame del cuarto tipo de persona.
– Son los moksha, los que se quieren liberar del sufrimiento y del ciclo de existencia; es decir, que ya no quieren reencarnar como seres humanos.
– ¿Ya no quieren? ¿Por qué… si la vida es muy bonita y sabrosa?
– Para ellos la vida sigue siendo bonita, preciada y muy valiosa porque les permite trabajar en su espiritualidad, pero ya no les parece tan sabrosa como a los que están sólo en la vida mundana, como los dharma y los artha; es decir, los primeros y segundos tipos de persona.
– ¿Y los kama?
– Los kama están como a la mitad, porque lo material ya dejó de tener sentido para ellos pero aún no descubren su camino espiritual. Acuérdate que son buscadores (en los tiempos modernos se dice que están en el “supermercado espiritual”, yendo de gurú en gurú, de religión en religión, de escuela en escuela, tratando de encontrar su verdadero camino, uno que sea verdadero y que tenga corazón, porque se encuentran muchos maestros falsos que lo único que están buscando es el poder, el dinero o la fama, cosa de la que ellos se quieren alejar, porque ya la vivieron, porque ya la tuvieron y los dejó insatisfechos).
– ¿Se han dedicado de lleno a la vida espiritual?
– Sí. Y hay cuatro formas de hacerlo.
– Tú siempre y tus categorías, siempre tienes tres o cuatro o un número de cosas… No puedes explicarlo más sencillo. Ya me estoy haciendo bolas.
– Discúlpame, pero hay mucho que aprender en el mundo espiritual.
– Pues yo no sabía nada de eso y no me hacía falta para vivir mi vida.
– Exacto: para tu vida mundana-material nada de eso necesitas saber. Pero cuando entras al mundo espiritual hay mucho que aprender, que estudiar, que descubrir; es fascinante. Al principio, como te está pasando a ti, quizá te haces bolas, porque es la primera vez que lo escuchas, pero poco a poco vas a empezar a ver que te empieza a hacer sentido, que tiene lógica y que además tiene una utilidad el saberlo.
– Ok, dime ahora las cuatro formas de trabajo espiritual que tienen los moksha. Las cuatro formas del cuarto tipo de personas… ¡Carajo! ¡Todo lo que explicas es muy complicado!
– Paciencia: escucha y verás cómo es muy sencillo. Se habla de que hay “Cuatro Caminos Espirituales”: el de los laicos, la gente que no deja la vida del hogar y que aun así trabaja su espiritualidad. Son gente que está casada, que tiene hijos, que trabaja, pero a todo lo que hacen le dan un sentido espiritual y viven de acuerdo a los principios espirituales.
– ¿Y logran algo? ¿No están demasiado ocupados o distraídos en el trabajo, en la vida familiar, etc.?
– Hay caminos espirituales como el del Mahamudra que siguieron los 84 mahasiddhas de la India y que les permitió alcanzar la liberación en una sola vida.
– ¡Wow! Ve qué complicada eres. En un solo párrafo me estás hablando de cuatro cosas que no entiendo: una, el “camino espiritual”; dos, “Mahamudra”; tres, “mahasiddhas”; y cuatro: “alcanzar la liberación en una sola vida”… Y luego dices que no eres complicada… jajaja
– No es mi culpa que seas tan ignorante… jajaja
– ¡Mamá! Deja de burlarte de tu hijo. Primero descalificas todas mis creencias y me dices que soy infantil, y ahora me dices que soy un ignorante…
– Sí lo eres, y todos lo somos. Bueno, hablando en el camino espiritual: si no lo fuésemos ya habríamos alcanzado la liberación.
– Pero yo fui a la universidad de Vaisali y tengo muchos estudios.
– Sí, pero estudiaste puras cosas mundanas: biología, geografía, historia, matemáticas, física, química… Si hubieras ido a la Universidad de Nalanda, donde se enseñan puras cosas espirituales, otro gallo nos cantaría. No tendría que estarte explicando tantas cosas, zopenco ignorante…
– Basta, ahora hasta me dices que soy un zopenco…
– Perdón: era simplemente para picarte el orgullo y ver que la peor combinación que puedes tener para entrar en el camino espiritual es la de ser un burro-soberbio…
– ¿Qué es eso?
– Un tonto que además cree que no lo es, o que está orgulloso de su ignorancia, o que es tan soberbio que no tiene la humildad de preguntar, como tú, de investigar, de experimentar y entonces se queda en su oscuridad, en su ignorancia… Lo primero que necesitas para entrar al camino espiritual es una mente abierta, flexible, receptiva… De hecho se dice que hay tres tipos de estudiantes…
– Basta. Todavía no me acabas de decir los cuatro tipos de personas espirituales y ya vas con otra categoría. Definitivamente ahora no te voy a permitir que te desvíes. Acaba una cosa antes de empezar la otra.
– Está bien. Va de nuevo. Se dice que hay cuatro tipos de practicantes espirituales: uno, los laicos que ya mencioné; dos, los monjes que se van a un monasterio para trabajar su espiritualidad…
– Sí, pero hay unos que son igual de vividores, que abusan de los niños o que están ahí sólo porque no saben ganarse la vida de otra manera más decente…
– No pienses como tu tío Lokayata, no seas como él.
– ¿Por qué no? Tiene razón. ¿O no?
– No todos los monjes son así. No generalices, porque las generalizaciones son otra forma de mentir. Hay que ver que hay grados, que hay matices. No por un monje puedes descalificar a todos. Esa es una forma de pensar falaz.
– ¿Falaz?
– Sí, que en vez de buscar la verdad, encuentra falacias y se queda muy a gusto con ellas.
– Ok, no te desvíes. Dime cuáles son los otros dos caminos espirituales:
– Los fakires y los yoguis. Estos últimos, a diferencia de los laicos y monjes que son gregarios, es decir que viven en comunidad y que no se apartan de la sociedad, los fakires y los yoguis son practicantes solitarios que prefieren irse al bosque, a una cueva o a una montaña a trabajar su espiritualidad.
– ¿Y tú cuál de los cuatro eres?
– Obvio: laica como tú. Pues seguimos en la vida del hogar.
4. Jaino
– ¿Y no íbamos a ver a mi primo Jaino?
– Sí: precisamente hemos estado platicando este largo camino mientras avanzábamos por esta montaña hacia su cueva…
– ¿Su cueva?
– Sí: él vive en una cueva. Es un jainista.
– ¿Jainista?
– Sí: son los que derrotaron en el debate a los mimansakas como a tu tío el brahmán.
– ¿Cuál debate?
– Sí: si te das cuenta, todo lo que hemos estado haciendo en este “juego del espejo” es un debate.
– ¿Un debate? Yo creía que estábamos platicando.
– Sí, pero no ha sido cualquier tipo de plática. Hemos centrado nuestra plática en nuestras creencias filosóficas o religiosas, que nos permiten entender quiénes somos, de dónde venimos, hacia dónde vamos, qué es el sufrimiento, cómo liberarse de él, qué le da sentido a la vida…
– Ok, hasta ahora me cae el veinte…
– ¿Qué pensabas que estábamos haciendo? ¿Acaso pensabas que estábamos hablando por hablar? ¿O que simplemente estábamos perdiendo el tiempo?
– ¿O sea que tú lo tenías todo planeado?
– No precisamente. Acuérdate que tú fuiste el primero que comenzó con su teoría sobre Brahma, Ishvara, la maya y no sé cuántos cuentos… jajaja
– Y luego tú me echaste el tuyo, que está infumable sobre quién sabe qué sustancia o energía o principio universal. Un rollo que aún no acabo de digerir.
– Porque tu mente sigue siendo muy infantil en cuestiones espirituales.
– Ni tanto, porque después de oírte a ti, a mi tío el brahmán y con todo lo que me has platicado sobre los cuatro tipos de personas (los dharma, los artha, los kama y los moksha) y los cuatro tipos de caminos espirituales (el de los laicos, el de los monjes, el de los fakires y el de los yoguis), pues como que ya le voy entendiendo un poquito a todo esto…
– Acuérdate que entender no es saber. Puedes conocer algo que ni siquiera has probado o saboreado por ti mismo. Además, no quisiste saber sobre los tres tipos de actitudes que tenemos al escuchar enseñanzas espirituales…
– Otra vez tú y tus números. Ya no me confundas más. Ni siquiera terminaste de hablar de los fakires y de los yoguis.
– No, porque prefiero que conozcas a tu primo, que vive casi como uno de ellos o que es uno de ellos.
– ¿En serio?
– Sí. Es alguien que se apartó de la sociedad. Que no cree en dioses como tú o tu tío Mimansaka. Que tampoco cree en escrituras sagradas. Y que sólo cree en el karma y dedica toda su vida a limpiar y purificar su karma, el karma negativo de vidas pasadas, y ya no acumular nuevo karma negativo en esta vida. Por eso son vegetarianos para no hacer sufrir a ningún animal; y también vas a ver que a todos lados va con su escobita para ir barriendo el piso por donde camina o limpiar los asientos para no matar a ningún insecto.
– ¡Wow! Suena muy extremo y muy obsesivo.
– Sí, pero no se lo vayas a decir. También son muy cuidadosos con todo lo que comen y lo que hablan y con quién se relacionan. Así que vamos a ser muy afortunados si nos recibe.
– ¡Es mi primo!
– Sí, pero recuerda que está alejado de la vida mundana, de la vida del hogar, y que para él su trabajo espiritual es quizá más importante que su propia familia.
– ¡Tanto así! Entonces ya no siento tantas ganas de verlo.
– Lo vas a ver no sólo porque sea tu primo, sino para conocer tu camino espiritual.
Contrariamente a lo que esperaba Vaisha, su primo Jaino salió de su cueva muy contento a recibirlo a él y a su tía. De hecho gritó emocionado:
– ¡Tía Samkya, primo Vaisha!
– ¿Nos conoces? Pero si hace muchísimo tiempo que no te vemos.
– Sí, pero nunca me he olvidado de ustedes. Los tengo siempre en mi mente y en mis oraciones.
– ¿A poco? ¿No que ya no te importa la vida del hogar, la familia ni las cosas mundanas?
– No precisamente es así. El hecho de que no lleve ese tipo de vida no significa que me haya olvidado de los seres, y más de aquellos con los que tengo una relación kármica tan cercana como ustedes.
– ¿A qué te dedicas?
– A entrenar mi mente.
– ¿Cómo?
– Estudiando las enseñanzas espirituales, el Dharma…
– Como los primeros tipos de persona, los dharma…
– No confundas. Uno es dharma con “d” minúscula y que se refiere a todas las cosas, y otro es Dharma con “D” mayúscula, que se refiere a las enseñanzas espirituales o a la ley o verdad.
– Hablas igual que mi mamá.
– Por algo somos parientes. Ella es la hermana de mi madre y la quiero como a mi segunda mamá.
– ¿Y por qué nunca nos vienes a visitar?
– Hace mucho que renuncié a la vida del hogar y prácticamente no salgo de mi cueva.
– ¿Y de qué vives?
– Vivo de la caridad. Soy un practicante mendicante; es decir, que mendigo toda la comida.
– ¿Y qué comes?
– Lo que me dan. No discrimino entre lo que me ponen en mi cuenco de mendicante, siempre y cuando no me echen nada que sea de origen animal. La gente sabe que soy jainista por mi túnica color anaranjada, y por eso no me echan en el plato nada que saben que yo no puedo comer.
– Pero no debes comer mucho porque estás muy flaco.
– Ciertamente: hacemos muchos ayunos.
– ¿Hacemos? ¿Quiénes?
– Los jainistas. Somos seres que nos hemos apartado de la sociedad y que llevamos una vida como ascetas viviendo en el bosque o en la montaña. Como yo, que vivo en esta cueva.
– ¿Solo?
– Aquí en la cueva sí, pero de pronto me junto con otros jainistas para hacer rituales y para compartir enseñanzas.
– ¿Y no te aburres viviendo aquí solo?
– No hay nada más fascinante que el entrenamiento de tu mente, y para eso mientras menos distracciones tengas es mejor; por eso es que nos apartamos de la sociedad. (En esa época no había radio, ni televisión, ni periódicos, ni Facebook, ni Twitter, ni Instagram, ni videojuegos, ni películas, ni WhatsApp… es decir, tantos distractores que tenemos en la vida moderna, precisamente para entretenernos en cosas no importantes en vez de dedicar nuestra preciada vida humana al entrenamiento de nuestra mente. Pero ni Jaino, ni Vaisha ni su madre podían en ese entonces imaginarse un mundo así como el que tenemos).
Vaisha piensa: pero esas cosas no existen hace tres mil años.
– ¿Y para qué entrenas a tu mente?
– Para estar totalmente atento y ya no acumular karma. Porque si te descuidas o te distraes puedes matar un insecto y entonces acumulas karma negativo y entonces ya no vas a alcanzar la liberación en esta vida.
– Suena muy extremo.
– ¡Vaisha! – le recriminó su madre.
– No, está bien – dijo Jaino –. Puede decir todo lo que piensa o sienta. No hay necesidad de reprimir o esconder nada.
– ¿Te puedo hacer una pregunta? – le dijo Vaisha.
– La que quieras.
– ¿Qué piensas de nuestro tío el brahmán Mimansaka?
– Lo mismo que tú jajaja
– ¿Cómo sabes lo que yo pienso? ¿Acaso puedes leer mi mente? ¿Acaso mi madre te vino con el chisme?
– Ni una cosa ni la otra, pero en el tono de tu pregunta ya adiviné tu pensamiento. ¿No es así?
– Efectivamente. Me parece que es una persona muy rígida…
– ¡Como yo!
– Bueno, tú eres distinto, porque tú no creas castas ni te apropias del poder y de la riqueza; más bien tú te fuiste al otro extremo… ¡Pero efectivamente, me pareces igual de rígido!
– Jajaja, primo. Sin duda tú nunca serías un buen jainista. Se ve que te gusta la buena vida.
– Pues sí. ¿Por qué no?
– Pues en vez de venirme a ver a mí deberías de ir a ver a nuestro tío Lokayata: él sí sabe vivir… jajaja
– Pues fíjate que sí me dan ganas de irlo a ver, porque mi mente está totalmente confundida.
Primero yo tenía mis creencias muy claras, que había recibido de mi padre, que era un vaibashika como yo. Pero me puse a platicar con mi madre de estos temas y me confundió con su rollo Samkya y su principio universal, un tal Prakriti y Purusha… ¡Qué bueno que nunca antes en mi vida había hablado con ella de estas cosas, porque me resultó muy confuso!… Nada era así cuando vivía mi padre, pero hace un año que murió…
– Sí lo sé.
– Y ahora mi madre me echó todo su rollo que nunca me había echado.
– Porque no te quería confundir y porque estabas tú muy apegado a tu padre y así eras feliz. Pero ahora has crecido. La muerte de tu padre te confrontó con la muerte y ahora tú mismo empezaste a tener inquietudes que nunca antes habías tenido. Te has convertido en un buscador espiritual y es por eso que has hecho hoy este viaje entre las distintas escuelas filosóficas de la India Antigua.
– ¿Cuáles son esas?
– Los vaibashikas o naiyayikas como tu padre y tú, que es la primera escuela. Los samkyas como tu madre, que es la segunda escuela. Los Mimansakas o hinduistas clásicos, que es la tercera escuela. Los jainistas como yo, que somos la cuarta escuela. Y los lokayatas como tu tío, que aún no visitas, y que es la quinta escuela.
– ¿De dónde surgieron estas escuelas? ¿Cómo surgieron? ¿Quién las inventó?
– Son distintas creencias filosófico-religiosas que han inventado los seres humanos para irse explicando las cuestiones fundamentales: quiénes somos, de dónde venimos, hacia dónde vamos, etc. Por ejemplo: ¿Quién fue el que puso tus creencias en tu cabeza?
– ¿Mi padre?
– En parte sí, pero también buena parte de nuestra familia es vaibashika, por eso lo asumiste como parte de tu cultura. Y yo, que soy samkya, siempre me quedé callada, para no confundirte. Pero ahora has conocido a tu tío Mimansaka, que ya lo conocías, pero nunca habías ido a hablar con él de estos temas, y te confrontó, al grado que te cuesta digerirlo o aceptarlo; y en este momento estamos aquí con tu primo Jaino, que también te está confrontando pero en otro sentido totalmente distinto al de tu tío.
– Sí, esto de las creencias filosófico-religiosas es muy confrontativo…
– Exactamente – dijo Jaino.
– Pero ¿quién tiene la verdad? No todos pueden estar en lo cierto, porque son posturas confrontadas.
– Efectivamente: una escuela refuta a la otra. Por ejemplo, los samkyas, que es la segunda escuela, refutaron a los vaibashikas, que es la primera escuela. Por eso es que cuando tu madre te expuso sus argumentos te acabó: ya no supiste qué responder o cómo defenderte. Pero los samkyas y los vaibashikas fueron derrotados por la tercera escuela, los mimansakas; por eso es que te sentiste tan incómodo, tan confrontado con tu tío el brahmán. Pero te tengo una buena noticia…
– ¿Cuál? – interrumpió expectante Vaisha.
– Los jainistas derrotamos a los mimansakas, por eso es que aunque aquí también te sientes confrontado, sientes un poco de aire puro, y no sólo porque estamos arriba en la montaña.
– Efectivamente: aquí me sentí menos sofocado que cuando estuve con mi tío. Ahí sentía que no podía respirar; todo era muy rígido, muy asfixiante…
– Pero debes aprender a ser tolerante con las distintas creencias…
– Sí, pero mi tío y los mimansakas no parecen tolerantes ni flexibles con sus castas tan rígidas…
– Ciertamente, pero el que ellos no lo sean no significa que tú no lo debas ser… Acuérdate que cada quien está en su nivel de desarrollo y evolución espiritual. Y de hecho, aquí en la India nos respetamos y toleramos todos, de tal forma que tú pudiste vivir y crecer como vaibashika sin que nadie se metiera contigo.
– Eso es cierto.
– Cada quien en su “corral” impone sus creencias, su filosofía, su manera de vivir… ¡Y ahorita están en mi corral y se van a tener que someter a mis costumbres! Y como es hora de comer, me van a acompañar a mendigar mis alimentos.
– ¡Yo voy a mendigar alimentos!
– Si quieres; y si no quieres, no. Si te atreves.
– Nunca he hecho algo así y me parece humillante. Además, ¿cómo voy a comer cualquier comida que no sé cómo la prepararon o quién la preparó?
– Jajaja, ¿tienes miedo?
– No es miedo, es precaución.
– ¡Otra forma de llamarle al miedo! jajaja
– ¡¿Ya nos llevamos así, primo?!
– Hace tiempo que no te veía, pero somos más o menos de la misma edad: tú tienes 21 años y yo 24, y como soy mayor que tú tengo ciertos derechos…
– Además – intervino la madre – tu primo es mucho más sabio que tú, al menos espiritualmente, así que es bueno que le hagas caso.
– ¡Pero yo no voy a mendigar mi comida!
– No tienes que hacerlo, pero puedes acompañarme si así lo eliges.
Vaisha, su primo Jaino y su madre Samkya bajaron de la montaña hacia el pueblo, donde Jaino tocó varias puertas donde se ve que ya lo estaban esperando para echarle comida a su cuenco.
– ¿Por qué te dan comida si se ve que son gente muy pobre, que apenas tienen para comer?
– Es porque así acumulan mérito. Se supone que darle comida a una persona que está trabajando su espiritualidad es algo que también a ellos les trae muchos beneficios – explicó la madre –. ¿Es así, Jaino?
– Más o menos. Hay gente que no tiene tiempo para dedicarse al trabajo espiritual y al apoyar al que sí lo está haciendo crea las causas y condiciones para en el futuro él poderlo hacer; y además nosotros les dedicamos nuestras oraciones, mantras y meditaciones. Así que es un círculo virtuoso: ellos ganan y nosotros también.
– ¿Y qué te echan en el plato?
– Eso no es importante. Incluso los maestros recomiendan que prefieras las casas más pobres, las que menos tienen, donde incluso la comida puede ser de menor calidad, porque son las que más necesitan generar mérito practicando la generosidad.
– No lo había pensado así.
– ¿Te atreves entonces a mendigar tu comida?
– ¡No es para tanto! ¡Aún no estoy preparado! Pero ya me quedó más claro…
– Pues no sé si quieran volver a subir conmigo a la montaña a consumir los alimentos o prefieran ir a ver a nuestro tío Lokayata, el de la quinta escuela; y te advierto, primo, que va a ser aún más confrontativo que conocerme a mí o a tu tío Mimansaka.
– Creo que tenemos el tiempo muy corto porque ya es tarde y todavía tenemos que hacer un largo camino de regreso a la ciudad. Así que muchas gracias, sobrino. Me dio mucho gusto verte – dijo Samkya.
Se despidieron. Vaisha estaba muy contento de haber visto de nuevo a su primo, que casi no recordaba porque quizá lo había visto una o dos veces cuando él era aún muy pequeño.
– ¿Cuánto tiempo lleva viviendo así?
– Siete años. Empezó a los 17 años, aunque todavía vivía en la ciudad. Pero desde hace tres años, tres meses y tres días decidió apartarse totalmente de la vida mundana y es que vive en su cueva.
– ¿Crees realmente que mi tío Lokayata me vaya a sorprender? Creo que después de todo lo que he visto y oído el día de hoy no puede haber nada que me sorprenda.
– No cantes victoria. Te vas a llevar una gran sorpresa. Tu tío te va a acabar de mover el piso.
– ¿Por qué?
– Recuerda que los lokayatas son los que derrotaron a las otras cuatro escuelas.
– ¿Incluso a la de mi primo Jaino?
– Incluso a los jainistas.
– ¿Y por qué entonces sigue siendo jainista?
– Porque para la gente le es muy difícil renunciar a sus creencias, a sus concepciones filosófico-religiosas. En la antigüedad, el que se atrevía a entrar a un debate lo hacía con la condición de que si perdía tenía que renunciar a todas sus creencias y asumir las del que lo había derrotado. Se necesitaba mucho valor para entrar a un debate. Y la gente se preparaba durante semanas o meses y los debates también podían durar mucho tiempo. El más famoso, el debate de Samkya, dicen que duró dos años.
– Pero el que gana se supone que tiene la razón, que tiene la verdad.
– No necesariamente. Significa que sus argumentos fueron más fuertes, más contundentes, más irrefutables que los de las otras escuelas. Pero no necesariamente significa que tengan la verdad. Esto lo vas a conocer mejor una vez que conozcas el punto de vista de los lokayatas.
– Ya tengo muchas ganas de llegar y ver a mi tío, el cual por cierto me parece el menos rígido en sus creencias que tú, que mi tío Mimansaka y que mi primo Jaino.
– Hmmmm… No estaría tan segura de eso que acabas de decir. El que lo conozcas como persona no significa que lo conozcas en sus ideas. Acuérdate que nunca has hablado de religión con él. Pero no te quiero prejuiciar: después de que lo escuches tú mismo me dirás qué tan flexible o rígido te pareció. ¿Estás de acuerdo?
– Vale… Pero antes de llegar con él, dime por favor qué significa “Lokayata”.
– El nombre de Lokayata significa “el criterio dominado por el sentido común” (de acuerdo a Alan Woods en su Historia de la Filosofía. https://old.laizquierdasocialista.org/node/1592)
– ¿Mi tío tiene mucho sentido común?
– Ya lo comprobarás tú por ti mismo.
5. El tío Lokayata
Vaisha estaba ansioso de llegar. Su tío Lokayata los recibió muy alegre, como siempre, con un fuerte abrazo, y los invitó a pasar y les ofreció una opípara comida, con buenos vinos y las mejores viandas.
– Necesitaba una comida así después de un día tan intenso – dijo Vaisha –. Gracias, tío.
– Gracias a ustedes por venirme a visitar. Siempre es un gusto recibirlos, pero ¿a qué debo la grata visita?
– Tío, venimos a platicar contigo de religión, de tus creencias.
– ¿Creencias? ¿Cuáles creencias? ¿Religión? Eso es basura. Opio para manipular al pueblo (el tío Lokayata no sabía que esa frase aún no la había dicho Marx, que iba a vivir más de dos mil 500 años después).
– ¡Wow! ¡No crees en nada, tío!
– Sí, creo en mí jajaja
– Me refiero a que si no crees en Dios.
– Vaisha – dijo la madre.
– No lo frenes, deja que pregunte lo que quiera.
– ¿Crees o no en Dios?
– ¿Cuál Dios? ¿Un señor de barba que dicen que creó el mundo y a nosotros y que nos premia o nos castiga?
– Sí.
– No, pues no creo en ese señor… jajaja… ni tampoco creo –para adelantarme a tus preguntas–, tampoco creo en el karma, ni en vidas pasadas ni futuras. No creo en nada de esa basura.
– ¿Entonces en qué crees?
– En la vida, en lo que se puede ver y tocar, en la naturaleza.
– ¿Pero qué sentido tiene la vida?
– Ser feliz.
– ¿Y cuando mueras?
– Me convertiré en abono para la tierra o alimento para los gusanos.
– ¿Y ya no hay nada?
– Polvo era y en polvo me convertiré (el tío tampoco sabía que esa frase la diría Jesucristo unos mil años después).
– Tío, suena apabullante. Efectivamente tenía razón mi primo Jaino de que me ibas a sorprender.
– ¿Por qué? Tu primo Jaino desperdicia tu vida en un ascetismo sin sentido. Se pierde lo mejor de la vida. Todavía es muy joven para estar metido en una cueva. Mejor se debería dedicar a estudiar y trabajar en algo productivo, ser de provecho para él, para su familia, para la sociedad. Está desperdiciando su vida.
– ¡Wow! No me pareció así hace rato que estuvimos con él, pero ahora que lo dices me haces dudar, tío.
– Es como un parásito que sobrevive de quitarle su comida a los otros.
– ¡No se la quita, la gente se la regala!
– ¡Es lo mismo! Él no se la gana con el sudor de su frente. Simplemente es un vago que no sabe ganarse la vida de otra manera.
– Él está entrenando su mente.
– ¿Su qué…? Eso son patrañas. Mejor que vaya a la universidad de Vaishali a estudiar una profesión respetable. Lo otro es perder el tiempo en fantasías, en elucubraciones que no se pueden probar. ¿No lo crees?
– Tío, pero yo sí creo en Dios, en Brahma.
– ¡Otro cuento…! Perdona que te lo diga tan bruscamente… Siempre se lo dije a tu padre que no te engañara con esas historias. ¿Quién ha visto a ese Dios? ¿Dónde está? ¿Por qué no se presenta ante nosotros? El hecho de que no se pueda concebir o entender por la mente humana no es una prueba de su existencia, sino precisamente una prueba de su no existencia… ¡Cualquier persona inteligente puede entender eso! ¿O no?
– ¡Wow, tío! Ciertamente me ha resultado muy confrontativo lo que me dices. No me lo esperaba, me has sorprendido. Nunca me imaginé que no creyeras en nada, que fueras un ateo…
– Un escéptico.
– Recuerda que a los lokayatas se les llama a los que “han ido lejos” – intervino la madre –. Son nihilistas, porque no creen en nada: ni en Dios, ni en vidas pasadas ni futuras, ni en el karma. También son materialistas, porque al no creer en nada espiritual, para ellos lo único que existe es lo material, lo que pueden ver y tocar. Y también son naturalistas, porque sólo creen en la naturaleza, pero también porque sólo creen en la primera impresión de sus sentidos, a través de sus ojos o sus oídos o su lengua o su olfato o su tacto. La segunda impresión para ellos sólo son elaboraciones kafkianas de la mente (Kafka iba a aparecer en el mundo tres mil años después). Elucubraciones, chaquetas mentales, razonamientos sin sentido…
– ¿Y qué es lo que les da el sentido a su vida?
– El hedonismo, los placeres sensuales y sensoriales; por eso es que en la antigüedad se representaba a los lokayatas encuerados en un jardín tomando vino y teniendo sexo…
– ¡Momento! Eso es una caricatura, una simplificación de nosotros. Porque también trabajamos y ganamos dinero; si no, ¿cómo podríamos financiar nuestros lujos y nuestro modo placentero de vivir? Y también nos preocupamos de dejar un mundo mejor que el que recibimos, y también nos portamos bien: no porque tengamos miedo a la amenaza de un castigo de un Dios inexistente o de un karma inexistente, sino por nuestra propia dignidad, por nuestra propia decencia, por nuestro autorespeto y porque vivimos bajo la ley de oro.
– ¿Cuál es esa? – preguntó el sobrino.
– “No hagas a los demás lo que no quieras que te hagan”.
– Suena muy lógico.
– Sí, es muy sensato. Somos humanistas (el humanismo no existiría sino hasta dentro 2 mil 500 años). Para nosotros el ser humano es el centro de todo y no Dios. Para nosotros el ser humano es el principio y fin de la existencia.
– Se necesita ser muy valiente para no creer en nada – dijo el sobrino.
– Lo que pasa es que los otros son unos cobardes que necesitan inventarse dioses que los protejan, o son muy ignorantes y por tanto manipulados por vividores como tu tío el brahmán, para apoderarse del poder y de la riqueza.
– ¿Cómo te llevas con él?
– Bien: somos hermanos. Pero si hablamos de religión sacan chispas. Pero él no sabe ganarse la vida como yo, que soy comerciante y no vivo de recibir limosnas como tu primo Jaino o de cobrar diezmos como tu tío Mimansaka. Él piensa que como es el representante de los Devas en la Tierra puede tomar toda tu riqueza porque todo le pertenece a los Devas, y como él es su representante entonces todo lo tuyo es suyo… ¡Esa es otra forma de robar! Deberíamos abolir todas las religiones, que sólo sirven para mantener en la ignorancia a la gente.
– También sirven para mantener el orden, para que la gente se porte bien, para que la gente desarrolle su espiritualidad – dijo Samkya.
– Patrañas. Tú también eres de mente débil, con todas tus ideas sobre los principios, las sustancias y las energías espirituales; por eso es que te casaste con mi hermano.
– Tío, eres muy duro, muy estricto, muy negativo.
– Al contrario: soy el único positivo, el único que ve las cosas como son, el único que tiene los pies en la tierra. Ya estoy harto de tantos dioses, karmas, infiernos, cielos, pecados, sufrimiento…
– Pero el sufrimiento existe.
– Sólo para los débiles de carácter, para los quejicas, para las víctimas.
– Pero vas a morir, tío.
– Pues cuando muera, sanseacabó. A otra cosa, mariposa.
– ¿Y desapareces?
– Sí. Así como aparecí.
– ¿No hay alma?
– Otro invento chino (en ese entonces los chinos aún no inventaban el papel, la imprenta, el papel, la pólvora, jajaja).
– Me confundes, tío.
– Al contrario. La que te confunde es tu madre con sus complejidades. Pero si quieres seguir viviendo en la infancia, con los cuentos que te contó tu padre, allá tú.
– ¿Qué me ofreces?
– La vida, el arte, la cultura, un buen gobierno, la ciencia, la tecnología (aún la ciencia y la tecnología estaban en pañales y aún no desarrollaban los gadgets o inventos que iban a revolucionar la vida humana y darle tantas comodidades al ser humano: mejorar su calidad de vida, curarlo de enfermedades, alargar su vida, darle comodidades en su casa, transportarlo en aviones, autos o ferrocarriles, o permitirle comunicarse a distancia a través del teléfono, celulares o el wifi). ¿Qué más quieres?
– Un sentido a la vida. Me cuesta mucho trabajo pensar que vivimos para nada y que al morir no habrá nada.
– Porque eres un débil de mente por la mala educación que te dio tu padre.
– Mamá, di algo.
– Jajaja, mi querido hijo. Pensabas después de haber visto a tu tío Mimansaka y a tu primo Jaino que nada te podía sorprender, pero te faltaba conocer a los lokayatas, que en el pasado era sinónimo de nihilista, hedonista y materialista. Las tres palabras significaban lo mismo (en el futuro los filósofos las van a diferenciar).
– Me asusta su forma de pensar y de vivir. Es un ateo, no cree en nada.
– Soy el más feliz de todos. Soy el único que tiene los pies en la tierra. El único que no anda en supercherías, en supersticiones, en cuentos. El más práctico, el único que se gana la vida decentemente y que no es un parásito social.
– Y ciertamente, son los que ganaron la discusión, el debate, los que derrotaron a los vaibashikas, a los samkyas, a los mimansakas y a los jainistas – dijo la madre.
– Me asusta pensar que no hay nada, que no hay un Dios, que no hay vidas antes y después de estas. Y también que ellos hayan ganado y que sean el final de la película.
– Momento – dijo la madre –. Es cierto que los lokayatas derrotaron a las otras cuatro escuelas filosóficas de la India Antigua. Pero recuerda que ellos son apenas la quinta escuela y que fueron derrotados.
– ¿Por quiénes?
– Por el Buda.
– ¿El Buda? ¿Quién es ese? ¿Otro Dios?
– No. El Buda es un ser humano como tú y como yo que alcanzó el despertar espiritual, la liberación y la iluminación. Precisamente, Buda significa “un ser despierto”.
– ¿Quién fue?
– Fue el príncipe Sidharta que renunció a la vida de palacio y que se fue a meditar al bosque porque no podía tolerar la idea de que iba a envejecer, a enfermar, a morir y a perder con la muerte a todos sus seres queridos: a su madre, a su padre, a su hijo, a todos sus familiares y amigos.
– Otro débil de carácter que sólo hablaba del sufrimiento.
– Efectivamente: al nacer, un rishi o maestro con capacidades videntes se presentó ante su padre, el rey, y le dijo que su hijo sería un monarca universal o un Buda. Su padre, que quería heredarle el reino, lo apartó de todo tipo de sufrimiento, le construyó tres palacios y no permitía que en su presencia hubiera enfermos, moribundos o viejos. Eso, al contrario de insensibilizarlo al sufrimiento, lo confrontó más con ello, el día que le pidió permiso a su padre de salir de palacio y se topó con lo que se llama las cuatro visitaciones…
– Mamá, otra vez con tus números.
– Disculpa, pero así es la historia. Cuentan que el Buda, al salir de palacio, se topó con un viejo, con un enfermo, con un muerto que llevaban a enterrar y con un sadhu. Sorprendido, le preguntaba a su cochero, Chana: ¿Qué es eso? Y Chana le contestaba:
– Es un viejo.
– ¿Yo también voy a envejecer? ¿Mi padre también va a envejecer?
– Todos envejecemos – le contestaba Chana – en base a algo que no es sabiduría popular, sino que se acepta como algo inevitable, algo obvio, algo de lo que no podemos escapar.
– ¿Yo también voy a enfermar? ¿También mi padre?
– Sí – decía Chana –. Todos enfermamos.
– ¿Yo también voy a morir? ¿También mi padre?
– Todos moriremos – contestaba Chana.
Y cuando vio a un sadhu, a un renunciante, a un asceta tan feliz, tan sonriente a pesar de que no tenía nada, más que el trapo que lo cubría, el príncipe no se pudo contener:
– ¿Por qué está tan feliz si no tiene nada?
– Es una persona que ha renunciado a la vida sin hogar.
El príncipe Sidharta regresó a palacio todo consternado. Le preguntó a su padre si Chana tenía razón y su padre no le quedó de otra que aceptar que era cierto.
– ¿Tengo que ir al bosque a entrenar mi mente para encontrar la forma de liberarme a mí y a los otros seres de esos cuatro tipos de sufrimiento: la vejez, la enfermedad, la muerte y las pérdidas?
– Quiero que te quedes en palacio y que seas mi sucesor en el trono.
– ¿Me puedes garantizar que yo no voy a envejecer, enfermar, morir y tener pérdidas?
– No te puedo garantizar eso.
– Entonces me iré al bosque a meditar, a encontrar la respuesta.
El padre dio orden de que cerraran el palacio y no lo dejaran salir. Pero el príncipe aprovechó una noche en que todos se quedaron dormidos y se escapó con Chana y con su caballo. Atrás dejaba a su esposa Yasodhara y a su pequeño hijo Rahula, que acababa de nacer.
Llegó a un río donde estaba un asceta con quien le intercambió sus ropas de príncipe por sus ropas de mendigo, y se cortó el pelo, y le pidió a Chana que regresara al palacio junto con su caballo.
Durante seis años hizo prácticas de ascetismo extremo, porque en esos tiempos se consideraba en la India que era una forma de limpiar karma, ya que era como purificarlo antes de que se presentara.
Dicen que llegó a pensar que no había habido ningún ser en este mundo que hubiera hecho prácticas ascéticas tan estrictas como él. Pero no logró nada. Por eso llegó un momento en que pensó dejar de comer, pero dicen que se le aparecieron seres espirituales que le advirtieron que no iban a permitir que se muriera de hambre, así que si no comía, ellos lo iban a alimentar. Por lo que decidió comer sólo un arroz al día. Pero no logró nada, es decir, no logró el despertar espiritual que estaba buscando, a pesar de que había tenido dos grandes maestros de meditación, ya que en esos tiempos había grandes contemplativos en la India Antigua.
Un día fue a tomar agua al río Naranjana, que en esa época del año era apenas unos riachuelos, y al agacharse a tomar agua fue arrastrado por la corriente, con lo cual se dio cuenta de lo débil que estaba. En eso pasó una barca donde un maestro músico iba con sus discípulos, a quienes les decía que si las cuerdas de la vina (una especie de guitarra) estaban demasiado flojas no tocaría, y que si estaban demasiado rígidas se romperían. En ese momento el príncipe Sidharta tuvo el insight del camino medio. Se dio cuenta que tan malo era una vida de lujos, placeres y excesos como la que había llevado como príncipe, como tan mala era una vida de privaciones extremas como la que había llevado como asceta. Fue entonces que decidió que tenía que volver a comer para fortalecer su cuerpo y poder entrenar su mente…
Coincidentemente, en ese momento una señora de nombre Sugata, que alguna vez había recibido un favor y que pensaba que había sido gracias al “espíritu de un árbol”, decidió llevarle un platillo de arroz con leche y miel tradicional de la India, pero al llegar a donde estaba el príncipe Sidharta lo vio tan flaco, dicen que la carne se le pegaba a los huesos, que pensó que ese era el tal espíritu, y le ofreció el tazón de arroz con leche, que antes de su insight él lo habría rechazado, pero en ese momento lo aceptó. Cuando sus otros cinco compañeros de ascetismo lo vieron comer ese platillo, se sintieron muy desilusionados y decepcionados de él, porque pensaron que había roto ya su ascetismo y lo abandonaron.
El asceta Gotama tomó entonces la resolución de sentarse a meditar y no levantarse hasta lograr la iluminación en el árbol Bodhi, sobre un cojín de hierba kusha que le ofreció un campesino. Y fue entonces cuando tuvo lo que se conoce como la “noche de la iluminación”…
– Puros cuentos – dijo el tío Lokayata –. Puros inventos. ¿Quién lo puede comprobar? No hay nadie que haya ido y haya venido.
– El Buda Sakyamuni, como se le conoció a partir de entonces, lo logró. Demostró que sí es posible liberarse del sufrimiento, del karma y del proceso de nacer y morir compulsivo, recurrente, que se conoce como el ciclo del renacimiento.
– Patrañas. Puros inventos, puros cuentos chinos.
– Además, el Buda derrotó en el debate a los lokayatas. Demostró, con las Cuatro Verdades, que hay sufrimiento, que el sufrimiento tiene una causa, que se puede uno liberar del sufrimiento y mostró el camino para lograrlo, el cual se llama precisamente el “Camino Medio” o el Óctuple Noble Sendero.
El tío seguía muy escéptico. Pero Vaisha quería saber más.
– El Buda derrotó a los lokayatas punto a punto, todos sus argumentos, con los 16 aspectos de las cuatro nobles verdades. Ahí dio las razones de por qué los lokayatas están equivocados.
– Eso no es cierto.
– Sí lo es, sólo que los lokayatas, así como son muy valientes para no creer en nada y por eso se les dice que “han llegado lejos”, por otro lado son muy cobardes y muy perezosos para continuar su desarrollo espiritual. Ellos creen que lo espiritual no existe, pero todas las escuelas filosófico-religiosas, incluida la de ellos, la de los nihilistas, es parte del desarrollo espiritual. Sólo que ellos se quedaron “a la mitad del camino”, que no es lo mismo que “el camino medio”. Pero como son muy perezosos y están muy distraídos con los placeres mundanos, pues no lo estudian y mucho menos lo practican. Niegan lo que no conocen, lo que no han estudiado, lo que no han investigado, lo que no han experimentado.
– Porque nada de eso existe.
– Esa es la forma de pensar de los lokayatas, que niegan una cosa sin conocerla o estudiarla. Por un lado están muy soberbios porque le ganaron a las otras cuatro escuelas, pero por el otro lado son muy fundamentalistas y cobardes en atreverse a discutir con los budistas, que son la sexta escuela que los derrotó. Quizá, Vaisha – dijo la madre a su hijo – ahora comprendas que derrotar a las otras escuelas no significa tener la razón, tener la verdad, conocer la realidad. Pero esa es la forma de pensar de los lokayatas; por eso entre los seres espirituales se dice: “no seas como los lokayatas”.
– Eso no es así.
– Sí lo es. Los lokayatas refutan hacia abajo a las otras escuelas, pero no se atreven a tener un diálogo o debate profundo con los budistas, porque temen que van a ser derrotados.
– ¿Es así, tío?
– Es una pérdida de tiempo, son discusiones bizantinas. Yo sólo creo en lo que puedo ver y tocar.
– Tío, me parecías muy firme, muy decidido, muy valiente en la primera parte de la plática, pero ahora te veo dudar, ya no te siento tan seguro. Tus argumentos ya no me abruman o me convencen como lo hicieron al principio, en que me sentí avasallado, sorprendido.
– Lo que pasa es que eres de mentalidad débil, muy impresionable.
– Más bien creo que voy a tener que conocer qué propuso la sexta escuela o la escuela filosófica budista. Madre, ¿quién me puede hablar de ella?
– Hijo, ha sido un día muy largo, de muchas sorpresas. Es importante que medites un poco en todo lo que escuchaste y conociste el día de hoy. Te prometo que la próxima semana vamos a visitar a un monje budista en su monasterio, alguien que tenga el grado de Gueshe o Kenpo, es decir, que tenga muchos años de estudio y que conozca a fondo el Dharma budista para que te explique en qué consiste y cómo es que pudieron derrotar a los lokayatas.
– Me gustaría ir para demostrarles que no soy ningún cobarde.
– No lo eres. No eres cobarde en tu forma de vivir, y en tus creencias; lo dije sólo en el sentido de que muchos lokayatas no se atreven a hacer lo que tú sí te estás atreviendo ahora.
– Pues yo también los acompaño para ver si efectivamente ese monje realmente puede convencerme – dijo el tío al despedir a su cuñada y su sobrino.
– o –
FALTAN el
Capítulo 2. Un recuento para reflexionar. ¿Y qué tiene esto que ver conmigo? ¿Cuál de los nueve personajes eres tú, lector? ¿O qué mezcla o mix de personajes eres, si es que no eres uno de los 9 tipos puros?
Capítulo 3. Los siguientes cuatro personajes de las escuelas budistas.
Los cuáles están en proceso de escribirse.
Recomendamos ver:
– El Libro de la Quinta Religión
donde se describen más a fondo las Cinco Escuelas Filosóficas NO budistas
– Ver los videos donde la instructora Jakaira Pérez (Kunsang) presenta el Curso de las Escuelas
Filosóficas
Curso Escuelas Filosóficas
Jakaira Pérez (Kunsang)
Proyecto Despertar
Introducción al Budismo
Escuelas Filosóficas
http://www.proyectodespertar.net
Versiónar Gráfica del Cuento de “El Juego del Espejo del Espiritu”
Puedes ver el video de la sesión donde se hizo el repaso de las Cinco Escuelas Filosóficas No Budistas, aquí. Y también ver los videos de las escuelas budistas:
Escuelas Filosóficas de la India Antigua
https://dharma3.odoo.com/escuelasfilosoficas